Durante la primavera y el comienzo de este verano me embarqué en la aventura de participar en la sexta edición de ‘MasterChef Celebrity’. Os confieso que ha sido lo más difícil que he hecho en mis treinta y cinco años de profesión. A pesar de la dificultad, es justo que diga que la experiencia ha sido increíble. Ha sido un grandísimo esfuerzo, pero recompensado por el equipazo que forma parte de este programa y sin el que en muchos momentos hubiera sido insoportable. Cuando hablo de equipazo me estoy refiriendo al que no se ve. He tenido la fortuna de compartir esta vivencia junto a ‘celebrities’ que ya había tratado y con otras a las que no conocía. Qué suerte haber podido conocer a todos de una manera diferente. ¡Qué gran familia hemos formado! ¡Cuánta complicidad y risas hemos compartido, exhaustos, tras una prueba de exteriores! Sin lugar a dudas, esto es lo que nos daba fuerzas para enfrentarnos al día siguiente.

Mi primer viaje en globo

La primera vez que conocí a los jueces fue en la cervecería El Doble, uno de los sitios que más me gustan de Madrid. Una cosa es estar de cañas y otra verlos en un plató en acción, porque ahí... ¡qué miedito me daban! Tienen ya tal dominio del concurso y tan asumido su papel que creo que les es fácil y cómodo grabarlo. ¡Vaya porquerías tienen que probar los pobres, incluidas las que he cocinado yo! Lo más cómodo es decir que son muy duros, pero si ves algunos platos que tienen que probar yo me habría muerto. Tienen su gran mérito. Hace una semana se estrenó el primer programa de nuestra edición y lo vi acompañada de algunos de los que hemos participado. Fue un momento estupendo que nos brindó en su casa la directora del formato, Macarena Rey. Alabo la labor del montaje del programa. Condensar tantas horas de grabación es una labor de chinos. ¡Quién me iba a decir que iba a montar en un globo con el vértigo que tengo! Ya he cumplido varias cosas del famoso dicho: escribir un libro, montar en globo y lo último... Vamos a dejarlo. La que lie en ese globo. Si no hubiera sido por mi amigo, el diseñador Eduardo Navarrete, no sé qué hubiera sido de mí. Los que no habéis montado nunca en globo no sabéis cómo es la experiencia, porque el globo va donde le da la gana. Yo pensaba que subías, ibas a un sitio y volvías. Pues no, casi nos estampamos un par de veces. Para rematar, la cesta donde íbamos metidos volcó al aterrizar. Me puse como una energúmena y salté para salir lo antes de posible. Y así es como llegué a la prueba de eliminación. Cocinar en solitario para mí es mucho más difícil, porque a pesar de que la prueba de exteriores es más complicada, me encanta trabajar en equipo. Superé la prueba y continúo una semana más. Tendréis que ir viéndolo para comprobar hasta dónde soy capaz de llegar cocinando. Confieso que se me partió el alma con la expulsión de Tamara. A pesar de que cualquier eliminación me hubiera dolido, la de Tamara fue especial por sus particulares circunstancias de vida: cuatro hijos, una pandemia, una artista sin conciertos y un marido con problemas en su negocio por el cierre del ocio nocturno. Tamara es una de las grandes voces de nuestro país y sé que seguirá llenando escenarios.