Pilar Eyre

Pilar Eyre

Letiza Juan Carlos
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"Letizia, humillada por su suegro"

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Pilar Eyre

Periodista y escritora

Letizia no estaba presente cuando el rey grabó su mensaje de despedida para televisión el día 2 de junio de 2014. El domingo hizo justamente 10 años. Y Juan Carlos no miró a su nuera ni una sola vez durante la ceremonia oficial de abdicación, el 18 de junio, en el Palacio Real. La ignoró, como si no estuviera presente, y eso que hasta dos veces le dijo Felipe a su padre en voz baja que la saludase. Tozudo, Juan Carlos se negó en unas imágenes históricas reproducidas miles de veces en todo el mundo. 

Una ceremonia improvisada

Fue una ceremonia breve e inventada sobre la marcha, ya que no había precedentes y tuvo que improvisarse con la ayuda de algunos expertos en protocolo. Los cuatro sentados, como si estuvieran en el metro, frente a un público formado por altas instituciones del estado, expresidentes, políticos históricos y, como familia del rey saliente, no sus hijas sino sus hermanas Pilar y Margarita. ... Casi todos juancarlistas. Sofía iba elegantemente vestida con un impecable traje chaqueta gris plata con lazada en la cintura y un collar de perlas de una sola vuelta, Juan Carlos iba de traje oscuro y corbata rosa (tal vez llevaba el cinturón con hebilla de plata que le había regalado Corinna y del que había prometido no separarse jamás), y Felipe con traje oscuro también y corbata azul. Los dos lucían en la solapa el peculiar “cordero”, el Toisón de Oro, la condecoración más alta que puede conceder un rey en España. Felipe no llevaba barba todavía y su rostro algo aniñado carecía de ese aplomo y dignidad que luce en la actualidad. Joven, en algunos momentos se le notaba abrumado por la grave responsabilidad que iba a recaer sobre sus hombros. No solamente iba a reinar en un país con una crisis brutal en nombre de una institución totalmente desprestigiada, sino que debía matar metafóricamente la figura de un padre que había estado en el trono durante 39 años.

El papel de Leonor y Sofía

Y en el extremo del grupo, al lado de su marido, pero algo más distanciada, Letizia. Iba vestida muy sencillamente, con una falda muy mona de Felipe Varela, que fue muy copiada, una especie de camiseta de manga tres cuartos y los altos tacones que solía llevar entonces, con algo de plataforma. Si observamos ese grupo familiar, Letizia es el verso suelto, es la extranjera, aunque sea la más española de los cuatro, ya que Sofia nació en Atenas, Juan Carlos en Roma y Felipe, como hijo de padres extranjeros, se expresa tanto en inglés como en castellano. Juan Carlos paseaba una mirada errática por el salón, Felipe estaba pendiente de su padre, Sofía sonreía como siempre y, sin embargo, Letizia solo mira a sus hijas, con una atención que algunos consideran excesiva. Les da instrucciones con gestos para que sonrían, para que pongan bien las manos, no les quita los ojos de encima ni un segundo, a pesar de que las dos niñas tienen dos escuderas de postín: la infanta Pilar, que parece muy disgustada y ajena a todo, y la bondadosa doña Margarita, a la que, a pesar de sus intentos, las niñas no hacen caso pues se nota que no la conocen. Solo miran a mamá.

Rey Juan Carlos

Después de los discursos, el rey se levantó trabajosamente para firmar el acta de abdicación y se fundió en un emocionado e inesperado abrazo con Rajoy, incluso más íntimo que el que tuvo con su hijo. Su mujer consiguió darle un beso de refilón del que él intentó apartarse, quizás no quería que en el otro extremo del mundo su amante, Corinna, pensase que se había reconciliado con Sofía. Ay, Corinna ¡esa ingrata! No sabía nada de ella desde que el día 2, después de grabar el vídeo de despedida, le había enviado un mensaje: “Acabo de abdicar, ya soy un hombre libre”. Sin respuesta. 

El corazón roto del rey

Hacía dieciséis días de eso. Dieciséis días que habían sido dieciséis puñales en su corazón porque al desamor se unía la traición. Él no quería abdicar, se sentía fuerte, quería tener tiempo para enmendar sus errores... Pero esos días se había enterado de que su salida del trono llevaba preparándose desde el mes de enero. Que el grupo que trataba de echar- le a patadas del trono, según decía él con amargura, estaba compuesto por los “cuatro magníficos”, cuatro hombres de la casa, y de… su hijo. Y de Letizia. ¡Su nuera, una persona ajena a la familia! La asturiana opinando y poniendo el pulgar hacia abajo, así se la imaginaba él. 

De ahí que ni una sola vez la mirara durante la media hora que duró la ceremonia de abdicación. Supongo que para Letizia esa media hora se hizo interminable, sabiéndose rodeada de personas hostiles. Intentaba sonreír, miraba a sus hijas con ternura, trataba de mostrarse natural para que la gente no se diera cuenta de ese desprecio. Cuando acabó el acto, Juan Carlos emprendió el camino de salida tan rápido a pesar de su cojera que casi se interpuso en el camino de Letizia y de sus hijas, que se quedaron algo desconcertadas. Felipe, caballerosamente, retrocedió para ponerse al lado de su mujer y protegerla, y Leonor y Sofía, con ese instinto especial que tienen los niños, cogieron la mano de su madre y así emprendieron los primeros pasos de su nueva vida. El pasado quedaba atrás y el futuro ya había llegado.