La vida transcurre demasiado deprisa y muy lentamente un domingo por la tarde. El lunes está al caer –horror– y nunca pierdes la esperanza de que algo –una llamada, un mensaje– te haga más llevadero este día. Casi nunca ocurre porque llega un momento en el que en la vida te pasan pocas cosas nuevas. Y eso no es necesariamente malo. Al contrario, como ya tienes experiencia, aprendes a disfrutarlas más.

Me engancho a ‘Viva la vida’, y veo a Carmen Borrego respondiendo a María Patiño. Últimamente, se están contestando todo el rato porque la una habla y la otra responde. Pero parece que el juego se va a acabar porque Carmen le ha dicho a María que a ver si quedan de una vez.

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Me parece muy bien porque estas historias empiezan como un simple toma y daca, y pueden acabar convirtiéndose en una carnicería. María es mi amiga del alma y a Carmen le tengo mucho cariño, como al resto del trío que compone la mítica saga. Creo que en esta guerra quien más tiene que perder es Borrego, que está menos acostumbrada a la batalla televisada. El estado civil de Carmen Borrego es el de cabreada y es el que mejor le va porque le sale una vena cómica muy divertida. Debería dejarse de pamplinas y adoptar ese papel de eterna enfadada que tanto le luce.