José Antonio Avilés ha vuelto a la convivencia en Cayo Paloma, por unas horas. Lo ha hecho, según él mismo dijo en 'Supervivientes: Conexión Honduras' por hacer "un servicio a la sociedad y entretener", y de sus actitudes se puede leer mucho entre líneas.

Resulta curioso que el periodista entrara en juego en el concurso de nuevo como 'fantasma del pasado', justo cuando él lucha con muchas informaciones contra él de los últimos años. Obviamente el cordobés no pudo contar nada a sus compañeros de la complicada situación a la que se enfrenta pero sí dejó pistas, de alguna manera, de la preocupación que siente por la que se le viene encima.

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Avilés regresaba a Cayo Paloma junto a sus compañeros para pasar un día con ellos y aunque su visita empezó de lo más hot y divertida (con consecuencias para Albert Barranco) hubo un momento en el que acabó rompiéndose y sus lágrimas, posiblemente las más sentidas de todo el concurso, lo decían todo. Pero, claro, sus compañeros se mantenían ajenos. "Quédate con esto de tus compañeros", le decía la hija de Antonio David al despedirlo.

José Antonio Aviles

El periodista se despedía uno a uno de sus compañeros sin poder contener las lágrimas y estos le respondieron de igual forma, sobre todo Rocío Flores que se quedó muy tocada tras verlo marchar. El andaluz, cuando se dirigía a la barca acompañado de la nieta de Rocío Jurado, no pudo disimular el llanto consciente de que tenía que volver a enfrentarse a la realidad.

José Antonio en ese momento ya era consciente de todo lo que está pasando en España, aunque él ha asegurado que solo tiene "coletazos" de información pero no hizo ninguna mención a la polémica como al día siguiente hizo con Jordi González, donde ya más sereno y sin lágrimas intentó defenderse: "Ha sido dura pero no por mí, yo con 24 años me puedo confundir, puedo tener muchos errores en el pasado y tendré que dar muchas explicaciones, pero mi familia no se merece, como daño colateral, estar expuesta como está, ellos no han decidido estar en televisión, es una familia normal, que trabaja...", dijo Avilés a Jordi más enfadado que arrepentido.