Marisa Jara ha dado una lección de actitud ante la vida, mostrando sin complejos la cicatriz que le ha quedado después de ser intervenida dos veces de cáncer. Su 'herida de guerra' le recuerda que es una superviviente y que ni el obstáculo más difícil es capaz de hacer que se dé por vencida. Y así lo ha querido dejar claro a todos sus seguidores de Instagram, que han aplaudido su valiente gesto.

Estos últimos meses han sido para la modelo de 39 años los más duros de su vida. Acababa 2018, siendo diagnosticada de cáncer estómago y, pocos meses después, en febrero, se veía obligada a pasar por segunda vez por el quirófano y afrontaba una segunda operación para combatir un tumor de útero. Las perspectivas eran las más complejas y dramáticas, y Marisa confesaba en una entrevista exclusiva que concedió en Lecturas que se frustraba su sueño de convertirse en madre.

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En estos meses, Jara se ha concentrado en recuperarse física y emocionalmente del golpe terrible que supone la batalla que le está tocando librar. La modelo comentaba recientemente que sigue sometiéndose a controles periódicos y, sobre todo, que está manejando la situación con actitud positiva.

Actitud que ha revelado en unas espectaculares fotografías que se ha tomado en las vacaciones que está disfrutando en playas tan cinematográficas como la de Santa Mónica en California, y en las que no ha dudado en revelar las cicatrices que 'descansan' en su abdomen como consecuencia de sus operaciones.

Si bien en su primer baño en la playa, optó por un precioso bañador negro que cubría la zona intervenida, ahora lo ha cambiado por unos sugerentes bikinis de colores vistosos, dándole el lugar que se merece a la huella en su piel que le recuerda que es una luchadora y que nada puede con ella. Marisa no puede estar más orgullosa de ella misma y de su cuerpo, tal como se desprende de los mensajes que acompañan a sus instantáneas. "Estoy muy feliz", escribe en un 'hashtag' en inglés. Sí, ha sido el año más duro de Marisa Jara, pero ella está poniendo de su parte para que no sea el peor, y tenga momentos inolvidables que le arranquen una sonrisa cuando los recuerde.