Verse bien físicamente es una de las grandes preocupaciones de los colaboradores de 'Sálvame'. Es habitual que los rostros de la tarde de Telecinco cuenten los retoques y tratamientos que se van realizando a lo largo de las semanas para lucir estupendos delante de las cámaras. Un paso importante para darle normalidad a algo que está cada vez más presente en la sociedad. Claro que no todos estos métodos tiene el mismo grado de satisfacción. Los últimos en confesar que se pusieron en manos expertas para realzar una seductora parte de su anatomía han sido Jorge Javier y Gema López y ambos han acordado que el resultado les supo a poco...

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No puede decirse que Alonso Caparrós no tenga uno de esos tipazos que causan infarto. El presentador luce torso y bíscep en muchas de sus fotografías y confiesa que su esfuerzo le cuesta. Caparrós entrena a diario pero ni con esas logra los resultados físicos que espera. De hecho, darle forma a sus glúteos le trae un poco de cabeza y terminó confesándolo en su última tarde en 'Sálvame'. Menos mal que María Patiño es una experta en fitness y le dio el consejo que necesita.

“Te pones una pesa de cinco o siete kilos en la corva de la pantorrilla y la subes y haces x repeticiones”, le aconsejó la presentadora de 'Socialité'. Aunque hay métodos más rápidos y con menos obligación de sudar para que el culo se vuelva jugoso y respingón. Sin ir más lejos, el último de los tratamientos que se realizó Diego Matamoros sirve para este mismo propósito. “Me he hecho una radiofrecuencia muy potente que ayuda a generar más colágeno, tensa y reafirma”, aseguraba en su momento el hijo de Matamoros. Pero ojo cuidado, no es oro todo lo que reluce.

Gema López y Jorge Javier confesaban haberse realizado este mismo tratamiento pero no se lo aconsejaban demasiado a Caparrós. “Dura un año y duele...”, apuntaba el presentador. La misma línea en la que se encontraba Gema: “Yo también me lo hice y dura solo un año”. Está claro que puede que el efecto sea inmediato pero tanto sufrir para que luego, en un año, desaparezca... ¿De verdad vale la pena?