Si hay un complemento que no falla día a día en los looks de la reina Letizia, es su inseparable anillo de Karen Hallam. La mujer de Felipe VI comenzó a lucir esta pieza, valorada en 114 euros, en abril de 2019 y, desde entonces, no se ha separado de ella debido a la historia que tiene detrás. Aunque en un principio se rumoreó que había sido sus hijas, la Princesa Leonor y Sofía, las que se lo habían regalado, lo cierto es que fue su marido el que le hizo este obsequio.

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Sin embargo, hay otros anillos en su joyero que la reina Letizia no quiere ni él. Desde que tiene el anillo de Karem Hall, la mujer del rey Felipe se ha separado del anillo doble unido por pequeños diamantes en diferentes tonalidades de verde que antes lucía con asiduidad y que ya lleva varios años abandonado en Zarzuela.

Letizia

La reina Letizia enseña su anillo de compromiso durante el anuncio de su boda con el rey Felipe VI

GTRES

Además de este, también cuenta con uno que Bulgari le regaló la propia marca cuando nació la infanta Sofía. Un anillo de oro blanco de 18 quilates y pelé de diamantes, valorado en 20.000 euros, que la reina Letizia ha lucido en varios actos públicos.

Aunque, sin dudas, el caso más llamativo e sla alianza símbolo de su matrimonio con el rey Felipe VI. Ante los rumores de una supuesta crisis, doña Letizia ha aclarado en mas de una ocasión que la joya es incómoda y que le generaba heridas con los constantes apretones de manos. Eso sí, ahora que con la crisis del coronavirus ya no saluda a los asistentes en sus actos públicos, no la ha recuperado.

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Tampoco hay ni rastro del anillo de pedida, el que le regaló el rey Felipe VI cuando le pidió matrimonio. En el caso de esta pieza, su destierro tiene un motivo más que justificado. Según recoge el libro Urdangarin. Un conseguido en la corte del Rey Juan Carlos, el actual monarca le pidió a Iñaki Urdangarin que recogiera la pieza, valorada en 3.000 euros, en Barcelona y este, acudió junto a su exsocio, Diego Torres. No queda ahí la historia, ya que el marido de la infanta Cristià lo pagó con la tarjeta de Nóos, caso por el que terminó en la cárcel.