Habla de ella sin reparos

Alejandro Albalá desvela cómo se llevaba, en realidad, con su exsuegra, Isabel Pantoja

El exmarido de Isa, se despacha a gusto acerca de lo que vivió en la familia de la tonadillera

Alejandro Albalá Isabel Pantoja Chabelita Pantoja Maestro Joao
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albala en Sv 1. Joao prendió la mecha ¡y la leña ardió!

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 albala en Sv 2. ¿Cómo se llevaba realmente con su suegra?

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albala en Sv. El momento más incómodo de todos

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albala en Sv 3. ¡Joao gozaba cada detalle que le ofrecía su interlocutor!

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Supervivientes

30 de mayo de 2018, 10:25 | Actualizado a

Lo primero que ha hecho Alejandro Albalá nada más llegar a Honduras, además de poner los puntos sobre las íes a Logan, Sofía y Hugo, ha sido hablar de la familia Pantoja. No ha necesitado que le sometan a una tortura, él, alegremente y gustoso, ha desgranado los pormenores de la vida en Cantora sin que le tengan que tirar demasiado de la lengua…

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Aprovechando que el Maestro Joao cantaba un éxito de su exsuegra, Albalá entraba rápido al trapo y contaba cómo había sido su relación con ella. “En el fondo es buena tía. Nunca nos hemos llevado mal. Siempre hemos mantenido la cordialidad”, decía el joven aspirante a piloto. El adivino se quedaba sorprendido. No esperaba una revelación semejante, pues se imaginaría que el vínculo entre Pantoja y Albalá sería de lo más tenso.

También le descubrió cómo fue la vez que la conoció, algo que ya había contado en ‘Sábado Deluxe’, pero que Joao se debió perder. Tendría cena esa noche. “Al principio tuvimos no un encontronazo, sino que fue raro. Cuando yo conocí a la hija, me invitó al cumpleaños de la madre. ¿Qué pasó? Que ella no lo sabía, y yo llegué de noche cuando todo el mundo ya estaba allí. Le pregunté la hija si se lo había contado a su madre y ella me dijo que sí, pero después me enteré que dijo ‘¡vaya tela!’, imagínate”. Isabel no parecía muy contenta con la invitación que había extendido su hija a su entonces proyecto de novio.

Y cómo no, tampoco podían faltar las anécdotas en Cantora, donde hay más silencio que en la biblioteca de Oxford. “Era muy raro entrar en una familia en la que nadie habla. Cuando ella entra nadie habla, todo era un silencio sepulcral”, y Joao, gozando cada una de sus palabras, le respondía con uno de sus ‘oioioioi’ “me encantaría verlo”. “Igual pasábamos allí 5 días y al segundo yo ya estaba a disgusto”, explicaba.

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