Os escribo desde mi tierra. Todos los años pido unos días para pasarlos aquí con mi madre en su casa de Málaga. Me gusta disfrutar de ella y de mi gente de aquí. El año pasado ya os lo dije y este año, desgraciadamente, os lo tengo que volver a repetir. Me da mucha tristeza porque no veo que mi madre disfrute aquí. No sé el motivo, pero hay veces que pienso que le debe pasar algo con esta casa. Es cierto que cuando las personas cumplimos una edad quitarnos de nuestra rutina no siempre le gusta a todo el mundo, y a mi madre creo que es a la que menos. A pesar de esta situación, intento animarla para que bajemos a la piscina de la urbanización para que se dé un baño.

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Un mínimo de movimiento y hacer algo de ejercicio creo que es bueno para ella. Hay días que lo consigo y otros que no es posible. Al final, lo único que deseo es que ella esté bien. Si estar aquí no le produce felicidad, estoy dispuesta a ir con ella adonde lo sea. Ella es mi prioridad en la vida. Mi hija lo es también, pero en estos momentos es prioritario el cuidado de mi madre. La semana pasada os hablaba de lo importante que es nuestra perra, Lula, en la vida de mi madre. Ella es mi gran aliada porque, si Lula no estuviera aquí, mi madre no estaría en Málaga ni cinco minutos. Es curioso, porque Lula también nota el cambio de estar aquí. Está rara, porque de pronto quiere comer como se le quita el hambre. Esto le pasa todos los años, no os voy a mentir. Creo que se mimetizan la una con la otra.

Mientras escribo este blog me quedan muy pocas horas para regresar a Madrid con mi madre. Volver juntas en el AVE es toda una aventura. Imaginaos la perra por un lado, mi madre por otro y yo de los nervios... Parece hasta cómica la situación si nos vierais. Espero que nuestra llegada a Madrid sea tranquila y feliz.