Entraste en el universo del famoseo por la vía braguetazo. ¡Y eras guardia civil, ejem, sin comentarios! Lo tenías todo para ser un chulo y un antipático... Y quizás lo eras. Sí, pero…

Cuando te conocí, Antonio David, vi que la herida del tiempo te había vuelto amable y educado. ¡Te levantabas para saludar! ¡Te acordabas de los nombres de mi hijo y de mi perro! ¡Leías libros! No sé qué oscuro secreto existe para que tus hijos vivan contigo y no se hablen con su madre, pero te honra que, golpe tras golpe, trates de levantarte y a fe que lo consigues. Ahora tienes nuevos planes relacionados con el mundo del flamenco y yo brindo con esta copa de cava en la noche mediterránea para que triunfes. Pero tanto si alcanzas el éxito como si no, dedícate además a dar charlas sobre superación personal. Es lo tuyo, David, créeme.