El viernes por la tarde grabo el debate final de ‘Supervivientes 2019’. Estas grabaciones suelen ser bastante complicadas. Los finalistas vienen casi sin dormir porque o bien han estado gozándola por ahí o charlando con familiares y amigos hasta el alba. Y el resto de concursantes aprovechan también para ir despidiéndose de Madrid, y no precisamente de sus parques, jardines y museos. Y si a eso se le suma las rencillas que se han ido enquistando a lo largo del concurso, concluiremos sin dificultad que estos debates los carga el diablo.

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El de esta edición me lo ha salvado Mahi, una concursante extraordinaria que, además, es toda una joya en plató. Lista, rápida, graciosa y con ánimo de jugar. Recurrí a ella en todos aquellos momentos que necesitaba que alguien me ayudara a tirar del carro, y con su extraordinario sentido del humor ayudó a que la grabación fuera menos dura. Mahi es de esas personas que llegan a nuestras vidas para hacerlas más llevaderas. Se toma en serio lo justo y analiza de una manera muy peculiar un mundo –el de la televisión– en el que todos estamos más ‘p ́allá’ que ‘p ́acá’. Desconozco sus dotes como modista, pero viendo cómo se desenvuelve en la vida me pondría en sus manos sin dudarlo, porque de una mujer con una mirada tan limpia y desprovista de prejuicios solo pueden salir cosas extraordinarias. Suspiro porque me corte un traje.