No es por maldad

Juan Carlos le dijo a su hijo: "Felipe, divórciate", y eso hirió a Letizia

Reina Letizia Rey Juan Carlos de Borbón Pilar Eyre Rey Felipe de Borbón y Grecia
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DL u391802 030. "¡Felipe, divórciate de una vez!”

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DL u400077 001. Arreglo ‘pour la galerie’

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DL u375609 017. No se hablan en privado

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DL u281527 083b. Las reinas departieron "cordialmente"

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Letizia, Sofía, Leonor y Sofía. Empeñados en generar una situación idílica

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DL u391802 012. Herida por sus palabras

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Leticia. Preocupada

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DL u375213 037. Jocoso esparcimiento

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“¡Felipe, coño, divórciate de una vez! ¿Adónde vamos a llegar?”. Esta habría sido la primera reacción de don Juan Carlos después del desagradable incidente de la catedral de Palma. Pero, pasado ese impulso primitivo, el Rey escuchó a quienes le hicieron ver que ese no era el camino, al menos hasta que la heredera cumpla su mayoría de edad, y que más valía intentar un arreglo ‘pour la galerie’ con el posado a las puertas de la clínica donde lo operaron. ¡Está por saber si dicha intervención no se adelantó para propiciar esa puesta en escena! Por cierto, que la estrategia se diseñó por medio de las secretarías de doña Sofía y su marido. No tuvieron que hablarse, algo que no hacen en privado desde tiempo inmemorial.

Y el Rey tenía tal interés en que los españoles creyeran que todo iba bien, que una persona de la Casa no dudó en llamarme –y supongo que a más periodistas– para explicar que don Juan Carlos quería que se supiera que Letizia entró con Leonor y Sofía en su habitación y “estuvieron departiendo cordialmente”. Cuando yo expresé mi escepticismo ante esta idílica imagen, mi interlocutor se alteró: “Yo estaba delante y te lo juro por mis padres…”.

Aquella frase de don Juan Carlos –“Felipe, divórciate”– hirió profundamente a Letizia hasta el punto de que se habría alegrado de que las conversaciones de Corinna hayan salido a la luz. Aunque también debe sentir cierto temor: se le podrían haber grabado conversaciones a ella y a un gran amigo suyo en las que no se revela ningún secreto de estado, pero sí algún chascarrillo que no haría peligrar la institución, pero nos proporcionaría momentos de jocoso esparcimiento. En fin, quién no haya criticado a una cuñada o un suegro, que tire la primera piedra.

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