Las drogas existen, mal que nos pese. Hay una fina línea que separa una vida normal de una vida de adicciones. Un joven presentador de televisión estaba ante su reto más importante: presentar un programa en ‘prime time’. Nervios, inseguridad, responsabilidad… Media hora antes del directo suplicó a su representante, con voz temblorosa: “Tráeme una raya de cocaína, me han dicho que es un estimulante y hoy tengo que estar al cien por cien”.

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El mánager, también joven, también nervioso, también novato, le contestó: “Si quieres, te la consigo, pero piensa que, si te la metes, a partir de ahora, siempre vas a necesitar una raya de coca antes de hacer un programa. ¡Fíjate qué esclavitud te espera!”. Mi amigo se mordió los puños, salió a pelo, triunfó, y hoy ambos, representante y artista, están en la cumbre de sus carreras. Y sanos. Y limpios.