Tenemos nuevo miembro en la familia. Se llama Pluto, apenas tiene dos meses y lo encontraron junto a su hermano abandonado en el campo. Estaban cubiertos de garrapatas, desnutridos, deshidratados. De camino al veterinario al hermano le flaquearon las fuerzas y murió. Tras una semana y media de intensa lucha Pluto ha logrado salir adelante y ahora está en casa recuperándose. Ya tiene una familia dispuesta a adoptarlo pero antes estará con nosotros un par de meses hasta que se recupere del todo. Los de BaasGalgo nos habían advertido que es muy especial y vaya sí lo es. La primera noche durmió con nosotros en la habitación hasta que se hartó de estar en su camita y nos comunicó mediante pequeños ladridos que quería estar en la nuestra. Hubo un momento que tenía su hocico apoyado en mi cuello. Por ahora los otros perros no lo han recibido del todo bien: Cartago le ladra cuando se le acerca, Lima le huye porque intenta lamerle las tetas y Travis y Romeo pasan directamente de él. Me gusta verlo juguetear con las hojas caídas de los árboles, disfruto contemplándolo dormir, tranquilo, arrebujado entre las sabanas o acunado entre mis brazos. Y sobre todo, me gusta ese afán de los cachorros por sentir el contacto con otra piel. Mientras escribo sobre él tengo su cabeza apoyada en mi pie. A mí esto me parece que tiene mucho que ver con la felicidad.

 


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