Me deja un audio Susi Caramelo invitándome al primer congreso de pibonexia. Yo al principio escucho ‘vigorexia’ y me asombra porque tampoco considero que lo mío sea para tanto. Pero el entuerto desaparece pronto porque, al instante, desarrolla la explicación del trastorno pibonéxico y señala que lo padecemos aquellas personas que nos creemos que estamos más buenas de lo que en realidad estamos. Al escuchar el audio entero, me descojono, claro. Y le respondo. Y me responde ella que estaba apurada porque pensaba que podría haberme cabreado. Y no era eso: simplemente que me pilló en Bilbao y andaba yo a otras cosas.

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La pibonexia. Creerse más bueno de lo que uno está. ¿Me pasa a mí? En un principio, pensé que sí y ahora ya, después de meditarlo mucho, creo que no. Voy a intentar explicarme. Si tu físico te produce inseguridad y trabajas en televisión de una manera tan continuada como la mía, la relación con el espejo es muy complicada. Fundamentalmente porque siempre te vas a ver mal. Y porque tu estado anímico se refleja también en el físico. Hay temporadas que no tienes ganas de nada y te dejas, y eso se traduce en mala cara, kilos de más, apatía generalizada. Cuando veo imágenes de archivo mías, sé perfectamente cómo estaba anímicamente. O me puedo hacer una idea bastante aproximada.

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También hay veces en las que de tanto verte te acostumbras y pierdes la perspectiva. Yo no sabía que en determinadas épocas estaba tan gordo. O que los pelos que me ponía eran tan ridículos. Pero los años ayudan a reconciliarte con el espejo y a no engañarte. Aceptas lo que ves, te conoces mejor y aprendes a sacarte partido. Ya no te fustigas por lo que antes te parecía insalvable y empiezas a quererte y a cuidarte más. Otra cosa: el tiempo es una gran ventaja para los que no hemos sido guapos de manual porque se nos exige menos. La gente es más cruel examinando el paso de los años de los guapos que de los del montón. A los primeros parece que se les pasa factura –o se les cobra la envida sufrida– y una arruga en el rostro se eleva a ruina y destrucción. Los del montón, sin embargo, ganamos con los años y nos convertimos en interesantes. Y luego está el hecho de que hay gente muy mona que se fija en nosotros porque salimos por la tele, así que es fácil tener una realidad distorsionada de ti mismo hasta que cumples muchos años. No, no sufro de pibonexia. Lo mío es una realidad: tengo unos 50 espléndidos. Y esto no hay quien lo pare, Susi Caramelo.