Traen a ‘Sálvame’ un perro con mirada tristísima. Lo veo antes de que lo entren al plató con Hugo, la persona que se encarga de conducir la sección del programa en la que fomentamos la adopción. En cuanto lo vi no tuve ninguna duda: el perro se venía a mi casa. Al menos esa noche. Luego ya veríamos, pero tenía claro que no quería que volviera a la protectora. Ese día me di cuenta de que son los perros los que nos eligen a nosotros. Al mirarme, me pidió que no lo abandonara. Se llamaba Koke, pero el nombre no me gustaba nada, así que le he puesto Tom por Tom Brusse. Mis otros perros han aceptado su llegada con alegría. Estoy muy orgulloso de ellos. Son buenos perros. Muy generosos, aceptan sin problemas a nuevos miembros porque entienden que vienen de lugares donde no sobraba precisamente el cariño.

Perro Jorge Javier

Tom se llama el nuevo perro de Jorge Javier, en honor a Tom Brusse

Tom vivía con una familia de Granada que lo maltrataba. Lo echaban de casa sin miramientos y él siempre volvía, aunque lo único que le esperaban eran palos y malas palabras. Yo lo veo precioso, con una cabeza poderosa y una mirada que te taladra el alma. El jueves por la noche la señora que trabaja en casa me advierte de que tenga cuidado al llegar de ‘Supervivientes’ porque Tom está durmiendo en el salón y tiene miedo de que se escape al abrir la puerta. Al llegar me reciben Lima y Luna alborotadas y felices, como de costumbre. Y eso que son las dos y media de la madrugada. Enciendo una luz para ver a Tom y lo encuentro mirándome fijamente desde un rincón del salón sentado sobre sus dos patitas. Voy a acariciarlo y se escabulle escondiéndose detrás de un sofá. Consigo acariciarle la cabeza y me voy a la cama pletórico. Cuando Lima llegó a casa solo estaba Cartago, mi primer galgo. Lima se pasó tres meses ladrando sin parar, dando vueltas al jardín desde la mañana hasta la noche. Inquieta, intranquila, nerviosa. Un día vino a casa una persona y me dijo: “Ya se le pasará. Cartago seguro que le está diciendo que aquí puede estar tranquila, que la van a tratar bien”. Y Lima es hoy una perra feliz. En eso se convertirá Tom. En un perro feliz. Porque ningún perro se merece no serlo.