Le he cogido el gusto a ver a mi familia y el domingo me planto en Badalona. Tengo que preguntar a mi madre cómo calcula las cantidades de comida, porque siempre sobra como para otras cuatro personas. Pero yo creo que eso es algo que llevan las madres en el ADN. Luego, la comida que sobra se lo reparten mis hermanas y mi sobrina, y mi madre tan contenta porque así su prole se lleva avituallamiento. Mi sobrina se empeña en que David Broncano me lleve a su programa porque le encanta. “Es que hace entrevistas originales. Te pregunta cuál es tu río favorito, no sabe nada del entrevistado. No es lo de siempre”. Vamos, que solo le ha faltado decirme: “No es lo que llevas haciendo tú desde hace tantos años, tío”. Entiéndase que utiliza la palabra tío como parentesco, no como chorvo.

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Las risas vienen cuando mi familia habla del reportaje que se publicó la semana pasada en esta revista sobre mi estreno en Donostia. Posaba con mi madre y, por primera vez, con mis hermanas. El domingo se descojonaban contándome que las habían puesto finas en las redes: “Que podríamos haber ido a la peluquería, que por qué no nos recomendabas tu dieta, que parecíamos la familia Monster”. Y venga a reírse al contarlo. Yo también acabé descojonándome y pensando qué contento estoy de tener una familia que pase de estas chuminadas.