Toca quedarse en casa esta Semana Santa. Me tenía que quedar igual, porque al adelantar ‘Supervivientes’ tengo que trabajar en Jueves Santo. Y como encima llueve estos días se nos van a hacer más llevaderos recogiditos. Supongo que en algún momento del día todos pensamos qué haremos cuando nos dejen salir a la calle. Yo lo tengo muy claro: dejar de vivir confinado, porque llevo encerrado en casa muchos años. Reconozco que ha sido por elección propia.

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La popularidad me ha convertido en una persona más vulnerable y menos espontánea fuera de mi trabajo. Si a eso se le une mi timidez, no resulta raro entender que cuando finaliza mi jornada huyo hacia mi casa para sentirme protegido. No echo de menos la calle, quizá porque en mi trabajo siempre estoy rodeado de gente y cuando desconecto me gusta estar en silencio. Pero durante estos días me estoy dando cuenta de que debo luchar contra la pereza y romper ese muro que he construido entre la realidad y mi realidad.

Tengo muchas ganas de vivir, de disfrutar, de tomarme un café en una terraza, salir a cenar, pasear, ir al teatro. A veces me invade la incertidumbre y me asusta imaginar cómo saldremos de esta, pero la angustia pasa rápido. No me la permito. Me prohíbo vivir con miedo. Entiendo que vienen tiempos inciertos, pero también sé que saldremos adelante ayudándonos unos a otros, porque si algo nos tiene que enseñar esta historia es que no estamos solos. Tenemos memoria: ya sabemos qué es una crisis, qué errores no debemos volver a cometer y qué hacer para avanzar como sociedad. No podemos permitirnos el lujo de fallarnos. Como seres humanos, diría muy poco de nosotros. Desconfiad de aquellos que hagan del miedo su bandera, porque intentarán aprovecharse de nuestra debilidad para someternos y vencernos.