Al acabar la gala, me encontré a Luca por los pasillos y seguía erre que erre absolutamente satisfecho y feliz de haber retado a un presentador que siempre lo trató con respeto.

Cogí aire, me di la vuelta y, mientras seguía escuchando que él no había hecho nada malo, me encaminé hacia el coche pensando en la gelatina que me iba a comer al llegar a casa.

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Esta mañana hablo con mi directora, María Zambrano, y me explica que Gianmarco le ha confesado a una compañera que está loco por Adara. Y a mí me viene a la cabeza esa canción de Rocío Jurado que dice: “Ahora es tarde, señora”. Nada como recurrir a los clásicos para reafirmarte en tus convicciones.