La noche del miércoles se vivió en Telecinco un acontecimiento un pelín histórico. Casi transgresor, diría yo. En horario de máxima audiencia se vivió un espectáculo en el que las palabras ‘drag’, ‘plumerío’, ‘travesti’ o ‘marica’ campaban a sus anchas sin que apareciera ninguna cara que pareciera estar oliendo mal todo el día. Porque, por mucho que algunos intenten con un lenguaje retorcido poner en cuestión todo lo que hemos logrado, cuando el colectivo se une y se pone manos a la tarea no hay censor que lo pare. El movimiento es capaz de borrar cualquier síntoma que huela a rancio, a antiguo, a pasado siniestro que algunos se empeñan en reverdecer.

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Se acaban de celebrar en Madrid las fiestas del Orgullo LGTBIQ+ y resulta que el señor alcalde de la ciudad –al que me resisto a nombrar de manera hiperconsciente– ha tenido el santo papo de decir que no se va a pasar por ninguno de los actos conmemorativos, aparte de que se ha encargado de poner una serie de sibilinos obstáculos para que los actos no pudieran celebrarse en todo su esplendor. Madrid, ciudad acogedora por naturaleza, no se merece tener como alcalde a una persona víctima de su pensamiento retrógrado y poco conciliador. Esta persona cree que está al frente de una comunidad de vecinos con pensamiento único en la que reina su concepto de decencia, que poco tiene que ver con el significado de la palabra en realidad. Porque si la persona que está ejerciendo como alcalde de la capital de Madrid tuviera un poquito de verdadera decencia se habría pasado por alguno de los actos multitudinarios que se han celebrado en su ciudad y habría confraternizado con sus vecinos y con todas aquellas personas que han venido a la capital para vivir eso que ellos llaman tan pomposamente libertad.

Desfile orgullo LGTBI+

Pero han manoseado y pervertido tanto el concepto que han terminado por ensuciarlo, aunque ya está aquí el colectivo para darle el brillo que ha perdido después de tanto uso bastardo y populachero. Porque Madrid, también y sobre todo con las fiestas del Orgullo LGTBIQ+, se convierte durante unos días en el epicentro mundial de la diversidad. Y su alcalde, aplastado por las amenazas de un partido que lo tiene acogotado, ha dado muestras de lo ridículo que puede llegar a ser que una ciudad tan moderna como Madrid tenga a alguien al frente tan estrecho de miras y de fantasía.

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Señor alcalde, está muy bien que sus antepasados rodaran ‘Marcelino pan y vino’ y no sé qué más películas. Desconozco si hubo secuelas, precuelas o lo que fuera. Pero empiece a darse cuenta de una vez de que si Marcelino viviera en el Madrid de 2022 probablemente tendría novio. Aunque ya sabemos que, si por usted fuera, lo metería en un armario hasta que se le pasase esa absurda tontería. Ojalá hubiera visto usted, señor alcalde, el programa que emitimos en Telecinco el miércoles por la noche. Qué divertido. Qué necesario. Cuánta alegría. Estoy convencido de que andaría usted muy ocupado acudiendo a alguna de esas tertulias nocturnas en la que le bailan el agua con la afectación que tanto le agrada. O, quién sabe, en el mejor de los casos tal vez optó por leerse un libro de Almudena Grandes para enterarse de una vez por todas de quién es esa escritora que dicen que amaba tanto Madrid. Ella sí, señor alcalde. Ella sí que quería a nuestra ciudad. Usted solo intenta domesticarla a su obsoleta semejanza.