"No ha sido la semana más dulce", adelantaba Irene Rosales antes de su conexión en directo con 'Viva la Vida'. La colaboradora del programa se disponía a explicar en directo cómo ha vivido los días después de haber recibido una amenaza en su correo electrónico profesional. Mientras comentaba con los colaboradores que había procedido a denunciar los hechos a la Guardia Civil -siguiendo la recomendación de los expertos para estos casos-, Irene contaba que había recibido a las 16.53 horas, al comienzo del programa, un nuevo e-mail en relación a su acosador.

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Irene Rosales

Un nuevo mensaje que llegaba desde la cuenta de otro usuario que Rosales se guardaba de mencionar y en el que la persona que escribe asegura ser el padre de quien la había amenazado diciéndole "Irene qué se siente teniendo que comerle la polla a ese monguel... ¿Por dinero? ¿No podías trabajar? Y encima cornuda... Qué palo te vamos a meter". El supuesto padre le escribe ahora asegurando que "cuando ha empezado el programa mi hijo se ha echado a llorar" y le suplica que por favor lo disculpe y no tenga en cuenta lo ocurrido pues su hijo "está enfermo metido en una cama".

Irene, con determinación y en consecuencia a como viene actuando, ha asegurado que todo "proseguirá por la vía judicial" como hasta ahora. "Se cebaron muchísimo. A Kiko le escribieron otro e-mail más. Yo bloqueé la cuenta y quizás por eso no he recibido más que ese otro mensaje", apuntaba.

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Sus compañeros del programa aplaudían su valentía al denunciarlo y hacían hincapié, también desde la experiencia tras pasar por situaciones parecidas, en la importancia de denunciarlo y plantar cara a la personas que se esconden en el anonimato de internet para hacer daño. Isabel Rábago, que llevó a juicio a una persona que le amenazó a través de internet, recalcaba: "Lo que es violencia en la calle lo es en las redes. Esto es un delito".

José Antonio Avilés y Terelu también contaban sus traumáticas experiencias al respecto. Situaciones que se dan entre muchos usuarios de internet pero que, con su exposición pública, se convierte en una lacra con la que lidiar a base de denuncias con demasiada frecuencia.

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