Tamara Falcó saca partido (por triplicado) a la herencia de su padre

Convertida en marquesa de Griñón al fallecer Carlos Falcó, su hija Tamara aprovecha la herencia, en forma de palacete, que este le dejó. El Rincón, se convierte en el nuevo alivio económico de su propietaria

foto autor Conchi
Conchi Álvarez de Cienfuegos

Redactora Jefe de Clara Corazón

Tamara Falcó
GTRES

Marquesa de Griñón con todas las letras. Y con todos los palacios. Claro. En concreto, uno, El Rincón. La joya de la corona de la herencia de su padre. Tamara Falcó (41 años) es, junto con su hermano Manuel, propietaria de esta maravilla de espacio ubicado en Aldea del Fresno (Madrid). La ‘socialité’ está sacando importante rédito, económico y personal, a esta majestuosa casa construida en el siglo XIX.

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Tamara Falcó e Íñigo Onieva

Carlos Falcó quiso que su hija más mediática, la que había tenido junto a la ‘reina de corazones’, Isabel Preysler, reinara como se merecía. Le dejó, además del título al que más honor hacía, este palacio, que fue su última vivienda. Lo habitó hasta su muerte y lo hizo al lado de Esther Doña. Quizás por eso levantó ampollas. La viuda y su perrita tuvieron que buscarse otro hogar y abandonar, para siempre, la casa que habitó con quien dice que fue el hombre de su vida. Tamara Falcó quiso desterrar del todo ‘el espíritu’ de la última mujer de su padre, pues es bien sabido que las relaciones entre los hijos de Carlos y Doña no eran precisamente fluidas. La futura esposa de Íñigo Onieva se preocupó de recuperar la esencia familiar y devolver al palacete aquello que lo convirtió en epicentro de las mejores fiestas y eventos. Y si, de paso, puede sacar un beneficio económico, mejor que mejor.

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El Rincón, la ubicación para el restaurante de Tamara Falcó

Una de las premisas con las que arrancó el reality de Tamara Falcó, ‘La marquesa’, era ver a la hija de Isabel Preysler convertirse en empresaria de éxito. La cuarentañera le planteaba a su progenitora la idea de montar un restaurante ‘pop-up’, de corte efímero, en el palacio que le había dejado en herencia su padre. A la de Porcelanosa le parecía una locura y ponía el grito en el cielo, “yo lo veo complicado”, dijo entonces, “quizás después lo puedas llevar a Jorge Juan”. Y es que el palacete, tal y como planteaban en el programa de Netflix, estaba hecho una ruina y necesitaba una puesta a punto muy seria. Plagado de humedades y con desconchones por las paredes, no parecía un lugar ideal para salir en la Guía Michelín. Falcó Preysler pretendía canalizar a través de esta herencia familiar su vena culinaria que despertó en ‘MasterChef Celebrity’ y que se ha convertido en una de sus grandes bazas a la hora de firmar contratos con marcas.

“El Rincón es un lugar muy especial para mí, que heredé tras la muerte de mi padre”. Lo cierto es que lo del restaurante en esta casona fue solo una línea argumental más en el documental de Tamara, lo mismo que lo fue su cumpleaños, su fe o sus diferencias con Íñigo Onieva. Plantear que el palacete era poco menos que una especie de ‘Esta casa es una ruina’ versión noble, solo sazonaba la trama.

Y para el que aún tenga dudas, el restaurante efímero existió, pero solo dentro del reality. Jamás fue trasladado a la realidad como planteaba Tamara. Aún así, cumplió perfectamente su cometido, dar una enorme publicidad a El Rincón y convertirlo en un protagonista más del guión.

El Rincón, el lugar de ensueño para hacer una boda

Una vez que todo el mundo ya estaba familiarizado con la niña de los ojos (inmobiliarios) de Tamara Falcó, vino el anuncio de la boda. Y, meses más tarde y con una ruptura y reconciliación de por medio, el segundo. La marquesa e Íñigo Onieva se darían el ‘sí, quiero’ en esta casa que Manolo y Tamara conservan con tanto cariño. Fue el lugar de sus vacaciones de verano, de largas temporadas de descanso y de las comidas familiares de los Falcó; pero antes que todo eso, en 1862 fue el refugio preferido de Juan Manuel de Manzanedo y González, duque de Santoña. Él fue quien dio forma a este sueño y que albergó las cacerías de la realeza de finales del siglo XIX, las fiestas con un don Juan al que le encantaba pasarlo bien, casi tanto como a su hijo Juan Carlos I, que también lo pisaría, y un sinfín de personalidades que pasaron por los pasillos que décadas más tarde recorrería Chloe, la perrita de Esther Doña.

Tamara desea que toda la historia que siempre ha acompañado a su familia paterna envuelva sus nupcias con Íñigo, el hombre al que ama tanto al que hasta ha dado una segunda oportunidad. Enamorada de la finca casi tanto como lo está del relaciones públicas, quiere que esta también sea clave en el día más especial de su vida.

Será la boda más fotografiada, la más reporteajada. Se escribirán decenas de artículos sobre las características del lugar y se convertirá, en definitiva, en un escaparate perfecto para posibles clientes. Y es que, El Rincón se alquila.

La herencia de Tamara Falcó, plató de televisión

En el pasado, El Rincón ha sido la ubicación elegida por novios de la familia Falcó Preysler, como cuando en 2012 se casó en él Julio José Iglesias, pero, sobre todo, como plató de cine. ‘La Marquesa’ no fue, ni mucho menos, la primera incursión de la casa en el mundo del entretenimiento. Antes, ya había sido localización de cine para ‘La Escopeta Nacional’ de Berlanga, ‘Mientras dure la guerra’ de Amenábar o escenario para ‘Águila Roja’. Y, ahora, es el lugar de rodaje de ‘La Promesa’, la nueva ficción de TVE para sus tardes tras el fin de ‘Servir y proteger’. Tal y como publica Informalia, la serie está utilizando no solo algunos escenarios de dentro del palacio, sino, también, la propia finca, puesto que se habría construido dos platós de 3.000 metros cuadrados en las inmediaciones. El medio se atreve a dar datos, y cifran el alquiler mensual entorno a los 30.000 euros que serían a repartir entre Tamara y Manuel.

Eso sí, de cara al 17 de junio, fecha de la boda de la marquesa e Íñigo Onieva, más le vale a la serie tener todo recogido, pues el enlace será un verdadero despliegue por todo lo alto. Un ‘sí, quiero’ de cine.

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