No podía faltar. Rocío Carrasco, que ha llegado a decir que las Campos son como su familia adoptiva, lo que convierte a María Teresa en su madre postiza, ha llegado por la mañana a la Fundación Jiménez Díaz, para dar todo su apoyo a la presentadora, a quien está tan agradecida.

No llegaba sola, lo hacía acompañada de su marido desde hace casi un año, Fidel Albiac, que también tiene en altísima estima a la familia Campos. Los dos, tan preocupados como las hijas carnales de la comunicadora, debían estar a su lado en estos dificilísimos momentos.

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Cuando faltó su padre, Pedro Carrasco, y posteriormente su madre, Rocío Jurado, la hermana de Gloria Camila se refugió en sus amistades. María Teresa le había otorgado su oportunidad laboral más importante, y le dio un espacio como actriz en los sketches que protagonizaba junto a Paco Valladares. Entonces, Carrasco se volvió un miembro más de la familia, y se olvidó de la suya propia. La relación con sus hermanos no prosperó, y dejó que de ellos, aún menores, se encargase su padre, José Ortega Cano. Poco a poco fue distanciándose de los Mohedano, y hasta de sus propios hijos, que ahora viven con el progenitor de ambos, Antonio David.

María Teresa, así como sus hijas, Carmen y Terelu, se han convertido en la tabla de salvación de Rocío, apoyándola de manera incondicional y volviéndose unas de sus mayores defensoras, cuando ha tenido en contra a toda la opinión pública. Se lo debía, y, por eso hoy, no ha querido faltar para demostrar que también puede ser un apoyo para ellas.