La palabra imposible no forma parte del vocabulario a usar cuando se trata de Carlos Sainz (61 años), que el pasado 19 de enero se alzaba ganador por cuarta vez, superando su propio récord de veteranía, del Rally Dakar, con 61 años. Una hazaña al alcance de muy pocos, y que deja más que claro que el piloto está en plena forma, que la edad es un número, y que cuidarse y no ponerse límites es una combinación ganadora. Y, sobre todo, disfrutar, pues a estas alturas, en ningún caso el cometido del ganador tenía que ver con lo económico, pues esa parte de su vida está resuelta desde hace muchos años.

Pues al margen de los beneficios de su trabajo como piloto y de los patrocinios asociados al mismo de los que también se lleva un porcentaje, él ha ido invirtiendo su dinero y generando una cartera empresarial al margen de las pistas. Una muy variada, pues ha invertido en campos tan dispares el inmobiliario, el del ocio, los viñedos y el mundo del fitness.

Durante más de veinte años, junto a su hermano y otro, mantuvo los centros Reebok Sports Club, que se convirtieron en referencia dentro del mundo del deporte en la capital. En 2020 absorbieron las acciones del tercer y fueron los hijos mayores de ambos los que se pusieron al frente y hace uno vendieron la empresa y los centros, que ahora siguen en pie, pero bajo otro nombre y otros propietarios. Un movimiento que sin duda les habrá reportado grandes beneficios.

Desde 2001 está vinculado a Viñas viejas de Cebreros SL, dedicada a “la producción de uva, transformación de las mismas, compraventa, comercialización al por menor y mayor, la importación, la exportación, la representación, almacenamiento y distribución de vinos”, es una empresa que a lo largo de los años siempre ha demostrado su solvencia, pero en 2022, a pesar de facturar más de 200.000 euros en ventas, cerró con número negativos por valor de casi 9.000, nada muy significativo teniendo en cuenta que tiene un valor total de 700.000 mil euros.

Además, cuenta con Iberlomba SL, dedicada al alquiler de bienes inmobiliarios y que cuenta con un valor total de 4,5 millones de euros, una cifra que no ha hecho más que aumentar desde que se diera de alta en 1999. Y más reciente ha dado de alta, junto a otros cuatro accionistas ‘Qev Extreme SL’, dedicada a “la organización, promoción, gestión y representación de toda clase de competiciones deportivas relacionadas con los deportes de motor; la gestión técnica y deportiva de equipos de competición en deportes de motor, etc” y pese a su reciente creación, pues se dio de alta en 2020, ya en 2021 se facturaron 2,4 millones de euros.

Carlos Sainz
GTRES

Todas las empresas citadas anteriormente están bajo el paraguas de ‘Imacar SL’, un holding desde el que gestiona toda su actividad tal como declara en su objeto social: “tenencia de participaciones y/o acciones de otras entidades, como la promoción deportiva y la representación comercial de deportistas, la gestión, distribución y comercialización de marcas, imágenes y material deportivo y la importación y exportación de material automovilístico”.

Sainz es un ganador, no hay duda, pero no solo frente al volante, también en el mundo de los negocios y sobre todo en el terreno personal. Lleva desde 1992 casado con Reyes Vázquez, su mujer, y es feliz viendo triunfar a su hijo, Carlos Sainz Jr en el mundo del automovilismo, siguiendo sus pasos, y ahora a su hija, Blanca, que cada día juega un papel más importante en el emporio empresarial familiar. Tiene razones para enorgullecerse, y lo hace.