El cine independiente tiene eso, que va por libre. Y sus premios también. La gala -matinal- en la que se entregan sus premios, los Independent Spirit Awards, no los acoge un gran teatro ni tiene alfombra roja. Se entregan el día anterior a los Oscars bajo una carpa instalada en el aparcamiento de la playa de Santa Mónica, en Los Ángeles. El 'photocall' es muy austero y los servicios son portátiles -como los de los macrofestivales de música-, de modo que cualquier fan que pase por allí puede ver a las estrellas haciendo cola para hacer sus necesidades. Porque las estrellas de cine son divinas, sí, pero también son humanas.

Y si los Oscars llevan, por segundo año consecutivo, recibiendo severas críticas por su falta de diversidad en las nominaciones, al no incluir a ningún actor o actriz de color entre ellas, los Spirit Awards le han dado la lección a la Academia: sí ha habido nominados y premiados de color e, incluso, transgénero, como es el caso de Mya Taylor, que obtuvo el Spirit a la mejor actriz de reparto por 'Tangerine'. E Idris Elba, el gran olvidado de los Oscars de este año, recogió el galardón a mejor actor por 'Beast of No Nation'.

 

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