Kiko Rivera ha tirado de la manta. El hijo de Isabel Pantoja, tras muchos meses callados, ha estallado en una entrevista en exclusiva a Lecturas. Con el corazón en la mano y tremendamente dolido con su madre, el Dj se ha sincerado con Mila Ximénez sobre lo duro que ha sido el camino para hacer cumplir la voluntad de su padre, Paquirri. En el centro de todo se encuentra Cantora, la finca del que ella tiene el 51% y su hijo, el 49%.

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Para Isabel Pantoja, Cantora ha sido siempre su refugio. La finca fue el paraíso en el que vivió su matrimonio con Paquirri y por ella luchó en la herencia. Aunque le costó volver, 15 años exactamente tardó en irse a vivir al lugar después de la muerte de su marido, cuando lo hizo fue para no irse nunca. La tonadillera vivió ahí los peores días del caso Malaya y, a pesar de todos los problemas económicos, dejó claro que deshacerse de ella no era una opción: “Nunca venderé Cantora”.

Vender Cantora no será fácil

La finca cuenta con un embargo preventivo sobre la parte que pertenece a Kiko Rivera.

Gtres

Sin embargo, sí que hubo una vez que Isabel Pantoja quiso vender Cantora. La finca ha llegado incluso a estar embargada por Hacienda debido a las irregularidades de la renta de al menos tres ejercicios. La Agencia Tributaria aceptó el cortijo como acreedor hipotecario y se tasó para subasta en poco más de cuatro millones de euros. Esta complicada situación económica llevó a la tonadillera a plantearse vender las tierras en las que ella y Paquirri formaron una familia. Fue en el 2017 cuando Diez Minutospublicó su precio: siete millones de euros. Una cifra desorbitada que posiblemente disuadió a los compradores.

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Ahora, la venta de la finca vuelve a ser una posibilidad. Para Kiko, este lugar ha pasado de ser una alegría, a un suplicio, tal y como desveló en exclusiva en Lecturas. “No voy a Cantora por el bien de mi salud y por el bien de mis hijas”, ha asegurado. El Dj considera que vender la finca podría ser una solución a sus problemas, algo a lo que su madre se niega. Eso sí, hubo un tiempo en el que sí estuvo dispuesta a dar el paso.