Rocío Jurado era la persona a cuyo alrededor giraba el resto de su familia. Unos la llaman pegamento. Otros, estrella. Da igual el nombre, porque el caso es que en su familia nadie ha tenido el suficiente carisma y el magnetismo para mantener unida y fuerte a sus miembros. Que fue y es una persona irrepetible, es evidente, pero nadie ha sido capaz de coger su testigo y continuar con lo que la hacía sentir más orgullosa, su círculo íntimo que la arropó y estuvo con ella hasta el final. 

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Ya sea por rencores que se han quedado ahogados durante mucho tiempo, envidias, desconfianzas u orgullo y soberbia, los Mohedano-Ortega están, en el mejor de los casos, dispersados, y en el peor, en guerra declarada. Nada queda de esa calidez y unión que transmitían cuando la Más Grande estaba viva. Son como satélites sin órbita, errantes y de superficie fría. Helada. 

Repasamos cómo se han desarrollado las vidas de su círculo más próximo: su viudo, José Ortega Cano, sus hijas Rocío Carrasco, Gloria Camila; su hijo José Fernando, su hermano Amador y su cuñada, Rosa Benito. Tanto por separado como juntos, sus existencias dan para saga literaria. 

Rocío Jurado
Gtres