El mundo llora con Kate Middleton, por Pilar Eyre

En menos de tres minutos, pasa de la sonrisa a la tristeza y, por un momento, parece que se va a romper. Su dignidad al confesar que tiene cáncer y se somete a quimioterapia ha acabado con las especulaciones. “Han sido dos meses muy duros”, dice la princesa

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Pilar Eyre

Periodista y escritora

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Dos minutos y veinticuatro segundos de un alma al desnudo. Kate tiene las manos cruzadas en el regazo como una niña aplicada, luciendo el anillo con el zafiro que le regaló su marido y que había pertenecido a su añorada madre. Una piedra que se ve todavía más grande en sus descarnados dedos. Lleva un informal jersey de rayas que ya le habíamos visto más veces y que ahora le queda holgado, y las ondas de su preciosa melena enmarcan un rostro muy pálido en el que, más que las palabras, hablan los ojos. Apenas un poco de rímel no logra disimular el enorme cansancio que transmiten. Sobre todo, el párpado que cae sobre el ojo derecho en un rictus característico de las personas muy delgadas que han perdido peso de forma repentina.

“Quería aprovechar esta oportunidad para agradeceros todos los maravillosos mensajes de apoyo y vuestra comprensión...”, las primeras frases surgen con facilidad aparente, incluso acompañadas de una ligera sonrisa, “he tenido un equipo médico fantástico...” Pero pronto desaparecen las sonrisas, “en enero me sometí a una importante operación abdominal”, aquí se muestra algo confusa y nerviosa, “en ese momento se pensaba que mi condición no era cancerosa, la operación fue un éxito, pero después vieron que había cáncer”.

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El duro trance de Kate Middleton

Pero pronto la gravedad y la tristeza sustituyen a toda otra expresión, “... y debía someterme a quimioterapia preventiva, esto ha supuesto un gran shock y Guillermo y yo hemos estado haciendo lo posible para vivirlo en privado”, aquí se nota que realiza un gran esfuerzo para seguir adelante, incluso se advierte un ligero fruncido de cejas, como si la luz le molestase, “por el bien de nuestra joven familia”. Estas dos palabras, “joven familia”, parece que se quedan atascadas en su garganta, como se quedan nuestras lágrimas al borde de los ojos...

Este final creo que es el más emotivo que puede darse y la mejor demostración de que Inglaterra ya tiene una reina. Porque por mucho que lleve el nombre de reina y por mucho que se esfuerce, es algo que nunca va a conseguir Camila.

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