Muchos recordarán cuántos ríos de tinta corrieron a finales de la década de los noventa gracias al romance iniciado por Carolina de MónacoErnesto Augusto de Hannover, duque de Brunswick y Luneburg, mientras este estaba aún casado con la mejor amiga de la princesa, Chantal Hochuli, con la que tenía dos hijos. En enero de 1999, el palacio de Montecarlo fue testigo de la boda entre la hija mayor de Rainiero y Grace y el aristócrata alemán, conocido por su complicado carácter, sus problemas de alcoholismo y sus líos con la justicia.

Siete meses después del evento, Carolina dio a luz a la única hija que tuvo con él, Alexandra de Hannover. Aunque los Grimaldi son católicos, Ernesto se empeñó en que su hija fuese criada en el protestantismo, ya que, de lo contrario, Alexandra se habría quedado fuera de la línea de sucesión al trono de Inglaterra, donde ocupa un puesto lejano tras sus hermanos mayores; cabe recordar que Ernesto es descendiente en línea directa de la reina Victoria de Inglaterra y de los reyes Jorge I y Jorge III de Inglaterra.

Alexandra fue criada por su madre, que no tardó demasiado en cansarse del que sin duda ha sido el royal más polémico del Viejo Continente. Entre otras cosas, Ernesto golpeó con un paraguas a un cámara en 1998, y fue acusado de propinar una paliza al gerente de una discoteca en la isla de Lamu (Kenia). También fue pillado orinando contra la fachada del pabellón turco de la Expo 2000, lo que ocasionó un conflicto entre Estambul y Mónaco, que obligó a la casa Grimaldi a disculparse públicamente.

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Carolina y Stefano

Alumna aplicada

Tras separarse de su marido en 2009, Carolina siguió manteniendo buena relación con los hijos mayores de Ernesto, a quienes trata como si fueran suyos, y ni ella ni el alemán han querido firmar el divorcio. Parece ser que todo obedece a un pacto alcanzado entre los hijos de Hannover y la princesa de Mónaco para preservar el patrimonio familiar —eso, y que en caso de divorciarse Carolina perdería su estatus de Alteza Real—.

De carácter introvertido y poco dada a apariciones públicas, Alexandra mantenía hasta un tiempo una relación sentimental con el joven millonario alemán Ben-Sylvester Strautmann. Ella, al igual que sus hermanos, estudió en la monegasca École de Condamine, de donde pasó a la Universidad de Nueva York para estudiar Ciencias Políticas y Filosofía. Además de hablar varios idiomas (alemán, inglés, francés), es una gran lectora y ama el patinaje sobre hielo, disciplina en la que ha logrado varios premios nacionales e internacionales. 

"Admiro esa mezcla que tiene de componente artístico y de disciplina atlética", comentó en una entrevista. "Su nivel de exigencia. Tenía, por supuesto, que aparecer cada día en los entrenamientos, pero había algo mejor; saber que nadie podía hacerlo por mí. Al deporte le da igual quién seas o de dónde procedas. Debes esforzarte igual que los demás”.

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Fría relación

En aquella misma charla, Alexandra señaló que es aficionada a la moda y, sobre todo, a los productos sostenibles y respetuosos con el medio ambiente. "Mi generación, aunque igual estoy siendo demasiado optimista, está muy concienciada, pero me saca un poco de quicio la incoherencia. Erradicamos las pajitas de plástico pero bebemos de un recipiente de plástico y compramos ropa que no es biodegradable. No soy aún del todo consciente de que yo pueda tener una voz. Tampoco de mi condición de princesa, trato de no pensar en ello sin dejar de agradecer, por supuesto, lo privilegiada que he sido. Pero quiero una vida normal“. Todo lo normal que pueda ser la vida de una duquesa de Brunswick y Luneburgo, y princesa de Gran Bretaña e Irlanda, claro.

Asimismo, la muchacha se lleva de mil maravillas tanto con su madre como con sus hermanos Casiraghi (Pierre, Andrea y Carlota) y sus otros dos hermanos mayores (Ernesto Augusto y Cristian). Sin embargo, dicen por ahí, en la actualidad no mantiene demasiada relación con su padre, que desde hace un tiempo vive en Madrid junto a Claudia Stilianopoulos, la hija de la desaparecida Pitita Ridruejo, y no vio con buenos ojos que en 2018 su hija tomara la decisión de convertirse al catolicismo.