El funeral por la memoria del duque de Edimburgo ha sido un verdadero goteo de ‘royals’. Ninguno quería ausentarse en esta fecha tan complicada para la corona británica que hoy ha rendido homenaje al marido de Isabel II fallecido el año pasado. En ese ir y venir de reyes y reinas, y justo detrás de Letizia, hacía su entrada Alberto de Mónaco, completamente solo, sin Charlene, en lo que ya se ha convertido en la nueva normalidad en los quehaceres del máximo representante del principado.

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Las ausencias de Charlene de Mónaco en los actos oficiales desde el año pasado es el pan nuestro de cada día. Todo empezó cuando, estando en Sudáfrica, de donde es natural, enfermó. Una infección de la que teníamos poquísimos datos fue la causante de su malestar que, supuestamente, le provocaba no poder regresar a Mónaco junto a su marido y a sus dos hijos. Sus amigos estaban realmente preocupados por ella y deslizaban la posibilidad de que, después de tres operaciones, se estuviera restando importancia al delicado estado de salud de la esposa de Alberto. Es más, argumentaban que, estando en Sudáfrica, casi “muere” en una de las intervenciones debido a la perdida de sangre. También eran los primeros en deslizar que la deportista podría estar atravesando una enfermedad mental.

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En noviembre, Charlene de Mónaco volvía a casa; y el Principado emitía un comunicado. Entonces, ya sí, alertaban del cansancio mental que arrastraba la esposa de Alberto. Alegaban que necesitaría “un periodo de calma para garantizar la mejor recuperación de su salud”. Es por eso, que se marchó a una carísima clínica suiza donde prosiguió su mejoría.

Ahora sabemos que ha regresado a Mónaco, donde continua apartada de sus obligaciones reales, pero seguimos sin saber a ciencia cierta sus dolencias o su paradero exacto. ¿Vive en palacio? ¿Está instalada en otro domicilio? ¿Permanece ingresada en alguna clínica? Todo lo que rodea a Charlene es misterio absoluto...

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En alguna vez, la ex deportista olímpica ha manifestado que Alberto es “su roca”. Hoy, en un funeral de estado como es este por la memoria del Duque Edimburgo, Wittstosk no se siente preparada ni con la fuerza mental suficiente para ‘la roca’ de su pareja.