A punto de retomar las grabaciones de ‘Mujeres al poder’ que el coronavirus obligó a cancelar, Carme Chaparro hace balance. Preocupada por sus padres, a los que tiene lejos, y por su marido, que es cámara y no ha dejado de ira trabajar, nos cuenta cómo ha vivido esta cuarentena.

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¿Te ha pesado el encierro?

He tenido la suerte de pasarlo con mis hijas y mi marido pero no me importa estar sola, estoy bien conmigo misma, leo, veo cine, escucho música, podo las plantas... Mi casa es mi trinchera, la he disfrutado.

¿Habrás tenido tiempo para hacer muchas cosas?

Me levantaba una hora antes que las niñas para hacer gimnasia y tengo una terracita que la hemos puesto fantástica. He resucitado varias plantas que estaban muertas ya, las he podado, he recuperado un laurel y un árbol que se había podrido. Como la gente que hace terapia recitando un mantra, yo me ponía a cortar hojitas y hierbas.

¿Cómo han vivido tus hijas el confinamiento?

Me preguntaban si iban a morir y les dijimos que no, pero que nos teníamos que quedar en casa para proteger a los abuelos. Las nuevas tecnologías les han ayudado mucho. De hecho, ellas hacen más llamadas grupales que yo. Cuando acaban el cole, se hacen sus llamadas y hacen coreografías. Han tenido algún momento triste y de llorar, pero están bien.

Tu marido ha seguido trabajando en la calle como cámara.

Sí, al principio no teníamos gel desinfectante. Una amiga me consiguió alcohol y, como tengo una planta de aloe vera, le hice un gel hidroalcohólico. También busqué un tutorial en YouTube y le cosí un par de mascarillas con servilletas de lino y las bolsas de tela para la ropa sucia que te dan en los hoteles. Cuando llega a casa, deja los zapatos en el rellano, va directo a la ducha y deja la ropa para lavar.

Carme Chaparro
GTRES

¿Cómo están tus padres?

Mi madre vive en Barcelona y mi padre en la provincia, pero en un pueblo. Yo no puedo salir de Madrid para ir a verlos. Mi madre ha estado sola en un piso y su alegría es que la llamen mis hijas por videollamada y le hagan los bailes que han aprendido. Oír reírse a mi madre me da la vida. Al principio, se ponía el teléfono en la oreja aunque fuera vídeo. Mi hija se partía de la risa. Pero ahora sale al balcón para que sus nietas la vean mejor y apoya el teléfono en una maceta, y así puede mover las manos.

Y tu padre, ¿cómo está?

Mi padre es diabético y ha pasado dos neumonías muy malas, tenía todas las papeletas para contagiarse. Tiene que andar un par de veces todos los días, pero tiene la suerte de vivir en un pueblo y no se cruza con muchas personas. Tenía mucho miedo por él pero ha tomado muchas precauciones.

¿Cómo será el reencuentro con ellos?

Me da igual el coronavirus, cuando esto acabe le voy a dar un abrazo a mi madre que le voy a romper las costillas.

Texto: Laura Martín