“Cómo me cuida mi padre”. La persona que hace tal afirmación no es otra que Rocío Flores Carrasco, y a quien se refiere, claro está, es a su padre, Antonio David, su mayor apoyo familiar. La joven está enferma pero no tiene de qué preocuparse, su padre resulta un enfermero incansable.

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La joven se despertaba con fiebre y un tremendo resfriado. Le tocaba guardar cama, arroparse bien y tomar muchos líquidos. Su progenitor ha procurado que a su niña mayor no le faltase de nada y entre otros cuidados le ha preparado un buen vaso de zumo de naranja cargadito de vitamina C para que el dichoso catarro abandone, cuanto antes, el cuerpo de Ro. Seguro que le habrá dicho esa frase tan típica de padres de “tómate el zumo antes de que se le vayan las vitaminas” si la veinteañera se ha hecho la remolona.

“El Jefe”, como Rocío llama a su padre, lleva 20 años entregado a su hija mayor. Se desvive por sus pequeños y ha hecho todo lo necesario para que ellos puedan estar felices a su lado, esto, incluso, le ha llevado a enfrentarse a su exmujer, Rocío Carrasco, en los tribunales. La última vez que se vieron las caras fue el pasado verano cuando la hija de La Más Grande le había demandado por no devolver a David, el menor de sus dos hijos, cuando le correspondía. El entonces aún menor no quería regresar a casa de su madre y prefirió quedarse en Málaga al lado de su padre, Olga, la mujer de este, y sus dos hermanas.

El de hoy solo es un pequeño gesto de todo lo que Antonio David hace por sus niños, a los que adora y siempre se entrega. Cueste lo que le cueste.