Víctor Sandoval ha estado al límite en muchas ocasiones. En uno de sus momentos más bajos pensó en acabar con todo saltando desde la ventana, en ese momento vio a un bebé en su carricoche, y se arrepintió. Volvió a dentro, se replanteó muchas cosas, y buscó consuelo en un cura amigo al que le abrió su corazón.

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Ese es uno de los episodios más complicados que el presentador ha confesado a las páginas de LECTURAS en el número de esta semana, pero no ha sido el único. Sandoval cuenta que 2011 fue el año en el que puso a prueba su salud, llevándola a los límites más extremos consumiendo sustancias en las que se refugió buscando una salida. “Invitaba a sustancias a mi entorno, nunca lo oculté. Inconscientemente pedía ayuda a gritos y no ocultaba mi hábitos”. En ese momento de máxima desesperación, fueron dos de sus compañeros de ‘Sálvame’ los que sirvieron de tabla de salvación: una está en Honduras, Mila Ximénez, y no se ha enterado del agradecimiento que Víctor le ha brindado desde las páginas de nuestra revista, y otra, Kiko Hernández, siempre tan hermético y sin ganas de querer convertirse en un Santo catódico, guarda silencio. “Me llamaban a todas horas (Mila y Kiko), y él, además, se plantó en mi casa una noche. Nunca lo ha contado”.

Quizás por eso, el colaborador no quiso revelar en el programa vespertino cómo ayudó al padre del perrito Nou. A Kiko no le gusta ser el protagonista, prefiere ser él quien suministra la información y jamás copar los titulares. Tal vez por ese miedo a que su intimidad se vea perturbada, Kiko pasó de puntillas sobre el tema, pero lo cierto es que Víctor le está y estará eternamente agradecido, y seguro que al dueño de ‘Villa Chatín’ le gusta saber que gracias a él un amigo salvó su vida.

Victor Sandóval