Hace tan solo unos días Mabel de Holanda se convertía en noticia al haber entrado en la lista Quote 500, que publica las mayores fortunas de los Países Bajos. Una riqueza que, en su mayor parte, viene dada por la jugosa herencia que su marido, el príncipe Friso, dejó tras su muerte en febrero de 2012.

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Tras conocerse que la nuera de la princesa Beatriz está entre las 500 personas más poderosas -económicamente hablando- del país, han salido a la luz más datos sobre las adquisiciones de la pareja. Parte de su riqueza vendría por las acciones que tiene en la empresa de pagos Adyen y que habría adquirido el príncipe al poco tiempo de su creación y que Mabel, gracias a su buen ojo para estos temas, supo conservar y gestionar , duplicando el valor de las participaciones una vez fallecido su marido.

Según informan varios medios holandeses, fue la princesa la responsable de redactar el testamento de su marido, unos meses antes de morir. El fatídico accidente, que dejó a Friso con numerosas lesiones cerebrales y sin posibilidad de responder ante los tratamientos, supuso la peor de las noticias para su mujer: no había solución, y sería ella la que tendría que redactar el legado -que el príncipe no había preparado dada su prematura y repentina muerte- después de hacer la solicitud ante los tribunales.

Mabel de Holanda funeral Friso
Gtres

Tras serle concedido este permiso, en abril de 2013 se decidió cómo se repartiría el patrimonio del segundo hijo de la princesa Beatriz. Los más de seis millones de euros que poseía se metieron en un fondo fiduciario para Mabel y sus hijas, Luana y Zaria, que no tendrán acceso libre a sus correspondientes cantidades hasta que no cumplan la mayoría de edad. Se trata de un fondo que no puede disolverse hasta dentro de 125 años y, en caso de que no haya descendientes, pasaría a los descendientes de Guillermo de Holanda, su hermano Constantino y los de las hermanas de Mabel, Nicoline y Eveline.

En cuanto a los gastos del funeral del príncipe Friso, su esposa estableció que fueran soportados por la herencia, un gesto con el que libró a la Casa Real de hacerse cargo de la ceremonia y que estaba en plena concordancia con la elección del príncipe a renunciar a sus derechos monárquicos por casarse con ella.