Los italianos son guapos, elelegantes y tienen estilo, están entre senador romano y príncipe florentino.

Sí, pero…

Siempre hay excepciones. Gianmarco, por ejemplo. No hablaré de tu físico –esa superabundancia de rasgos en una cara tan pequeña– porque ya lo hizo Mila con mucho ingenio. Ni tampoco diré que tu chaqueta roja de clavos es lo más horrendo que he visto en mi vida.

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Lo que me ha molestado ha sido tu aire de superioridad, humillando a una joven concursante:“Cállate, que solo vienes a buscar tu minuto de gloria”. ¿Y tú qué, Gianmarco? ¡Tú buscas, no un minuto de gloria, sino una vida entera de molicie intentando ligar con unas u otras hasta que la ingenua Adara cayó en tus redes! ¡Más falsas que tu propuesta de matrimonio, solo eran las rosas azules que llevabas en las manos! Va via, Onestini, que ardo en deseos de cantarte ‘bello ciao, bello ciao, bello ciao ciao ciao…”.