Jorge Javier, aunque nos conocemos desde hace muchos años, nos vemos poco. Tampoco hablamos demasiado por teléfono. Vivimos en ciudades distintas, distinto es nuestro devenir cotidiano. Sí, pero…

¿Qué importa eso? ¡Jorge, Jorge, eres el hermano que nunca he tenido! Un día me llamaste muy temprano y me dijiste con la voz estrangulada: “Hoy he soñado que te habías muerto”, y nos quedamos callados porque nos dimos cuenta de que, cuando llegue ese día, los dos vamos a sufrir, tú porque me iré, yo por dejarte.

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Ahora, mientras escribo esto, me acuerdo de cuando me invitaste a un festival de cine porque estaba pasando una época triste y dura. No íbamos a ningún festejo y nos quedábamos en la habitación charlando, riendo, llorando –lo que hago ahora– y bebiendo hasta la madrugada.

Me acuerdo de eso y de lo buena gente que eres. Ay, amigo, esas noches… esas noches…