Sofía de Grecia. La amábamos. ¡Tan buena madre! ¡Tan discreta y austera! Le gustaban los animales, no iba a los toros, llevaba con dignidad su difícil situación conyugal. Sí, pero...

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La admiración se está trocando en perplejidad, por no decir otra cosa. ¿Comentan que don Juan Carlos tiene amantes? Usted sonríe. ¿Dicen que el rey ha cometido ciertas irregularidades contables? Sonríe más. ¿Fotografían a su marido con una antigua ‘girlfriend’ en Irlanda? Sonríe tanto que no se le ven los ojos y riñe a los periodistas si decimos “emérito” porque “a él no le gusta”.

¿Dicen que el rey le regaló a su novia 65 millones de euros? Pues no solamente sonríe, sino que se coloca el anillo de compromiso que casi nunca lleva para que veamos muy clarito que a ella no le hacen mella estas menudencias. Señora, déjeme decirle que o es usted muy buena o nosotros somos muy bobos.