Ana Boyer, preferiste dedicarte a eso tan antiguo de ser señora de…

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Ana Boyer

Ana Boyer, qué guapa eres y fina. No como esas chicas neumáticas de pechos grandes y cerebros pequeños. ¡Tienes una vida tan apacible! Tu marido, tu hijo, su carrera…

Sí, pero…

Aquí está lo malo, al menos a mis ojos, querida Ana. Que tú, con lo inteligente que eres, no tengas una carrera propia, y solo te veamos como apéndice de tu marido. “Es un cerebrito”, decía tu padre con admiración, y tenía grandes esperanzas puestas en tu porvenir. Y empezaste muy bien, en un despacho importante, un compañero tuyo me dijo que eras humilde y diligente. Pero aquello fue flor de un día y preferiste dedicarte a eso tan antiguo de ser señora de… ¡Pero si tu madre, a tu edad, ya firmaba contratos comerciales de varios millones de pesetas! Pero oye, quién soy yo para meterme… A ser felices y a comer perdices… Ay, no, pobrecitas, vamos a dejarlas volar.

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