Es lo que tiene pasar a la historia: que debes estar luchando hasta el último momento porque la historia es como la televisión. Hasta que pasan muchos años y no aparece la perspectiva, solo cuenta lo que has hecho el día anterior. Se lo confesó Jordi Pujol a Albert Om en una entrevista: que uno no debe bajar la guardia porque en el último momento la puede cagar y cargarse todo un legado. No se lo dijo así, claro, pero más o menos. Pujol sabía de lo que hablaba, no hay más que repasar lo que era, lo que es y en qué se quedará. Ruina histórica.

El jueves por la noche veo en La 1 el documental ‘Yo, Juan Carlos I, rey de España’. Y no dejo de preguntarme cómo ese rey que pilotó con esa delicadeza la complicada transición se ha convertido con el paso de los años en una caricatura tan absurda. Leí también en El País que a partir del intento de golpe de estado de 1981 se relajó y pensó que todo estaba ya hecho. Que su figura estaba ya por encima del bien y del mal. Hubo periodistas que en los noventa ya hablaban de empresarios y oportunistas que pululaban en torno al rey enriqueciéndose a pasos agigantados. La mayoría de ellos acabaron en la cárcel. Pero da la impresión de que don Juan Carlos no estaba muy por la labor de escuchar voces críticas y de aquellos polvos, estos lodos. En cuanto al documental, al rey le beneficia que cuenten la historia por él a que la recuerde él mismo. Le favorece el silencio. Me llaman la atención las elogiosas palabras de Alfonso Guerra –y su certero análisis sobre la sociedad española– y otras de Alfredo Pérez Rubalcaba: “En la intimidad, es menos rey de lo que parece”. Conociendo lo finísimo que hilaba Rubalcaba entiendo que en el trato cercano nuestro rey emérito tiene poco de majestad.

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Es viernes y seguimos sin saber dónde está Juan Carlos I. También en La 1 vi en su telediario cómo un reportero desde Oporto y otra desde República Dominicana especulaban con la posibilidad de que estuviera en alguno de estos lugares. Sinceramente, esas especulaciones las veo muy adecuadas para un ‘Sálvame’ pero para un ‘Telediario’ me suenan un poco chuscas.

¿Cebando su aparición?

Tampoco entiendo que el emérito no haya asomado la patita desde el lunes. Ni su silencio. Se echa de menos un “me gustaría explicarme”. Su mutismo engorda la especulación. Parece que esté cebando su próxima intervención pública. Es nuestra nueva Pantoja. El rey, sí, pero de las coplillas de las divisas.

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Y en cuanto a Felipe VI, ¿por qué no darle una oportunidad? ¿Y si esta crisis se convierte en su 23 F y sale de ella reforzado? ¿Podemos ahorrarnos una nueva crisis teniendo en cuenta que ya tenemos bastantes encima? Más que nada porque con tanto esfuerzo vamos a acabar exhaustos. Es cuestión de economizar energías. Ahora bien: no ayuda leer informaciones como las que se publican en El Confidencial. Según José María Olmo, jefe de investigación de este medio, “el poder de la Casa Real era hasta hace poco inconmensurable. Tenía una capacidad brutal de llamar por teléfono a las grandes empresas del Ibex35 para pedirles que no pusieran publicidad en un medio concreto porque ese medio había publicado información que no le gustaba”. Domingo: parece que el rey salió de Vigo a Abu Dabi y se alojó en el Emirates Palace. Estuve en Abu Dabi cuatro días y puedo asegurar que es una de las ciudades más aburridas del mundo. Al menos para los que no somos reyes. Visité el hotel y es uno de los más impresionantes que he visto en mi vida. Leo que Torra dice que “los catalanes no tenemos rey”. Me asombra esa seguridad. ¿Ha tenido tiempo para preguntar uno por uno? Quizás sí porque tiempo parece que es lo que le sobra si hacemos caso a los que aseguran que su gestión contra la covid-19 está siendo desastrosa.