Domingo placentero en casa. Viene P., siempre P., a pasarme el texto de la función. El viernes me regaló un detalle precioso con una nota todavía más bonita. Qué pena esas parejas que rompen y solo aspiran a que al otro le vaya mal. Luego se añade Óscar y aprovecho para dar una clase de canto. Y es que el que es artista lo es desde que se levanta hasta que se acuesta.

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Damos cuenta de una lasaña maravillosa y amodorrados vemos ‘Parásitos’. Acaricio mucho a Travis, que lo hemos operado de un ojo y el pobre va dándose golpes con la campana. Intento hacerme una foto con él y también se pone Lima. Bienvenida. A las 7 menos cuarto de la tarde, pongo rumbo a Mediaset, a poner punto y final a ‘El tiempo del descuento’. Ha sido un placer trabajar con Zeppelin y sus gentes. Echaré de menos las reuniones previas al programa en las que me he reído como en mis mejores noches de juerga. Espero verlos muy pronto porque son una parte muy importante de mi vida. Esto es la televisión: un ‘¡Hola!’ continuo, una despedida constante.