¿Están muertos los debates políticos en televisión? No sé si tanto, pero que están a punto de convertirse en enfermos terminales sí. Llevan buscándoselo desde hace algunos años, pero, tal y como están planteados en la actualidad, no son sostenibles. Un presentador, dos tertulianos de derechas y dos progresistas y venga, a enzarzarse. Poco criterio, poco análisis, poco debate y mucha mentira de por medio. Mucha trampa, mucha manipulación. Los que mejor la ejercen son los de la ultraderecha. Y escribo ultraderecha porque hay poco tertuliano de derechas. Se empeñan en atemorizarnos con la llegada del Apocalipsis. Y claro que España no es Jauja, pero es insoportable que retuerzan la realidad para abonar un panorama sombrío y que los ciudadanos vayan a las urnas a votar empujados por el miedo.

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Se avecina un año complicado. En las próximas elecciones deberíamos elegir un modelo de país y no caer en las estrategias de los cuatro mandamases que desde despachos perpetúan la idea de un estado que sigue beneficiando a muy pocos. No estaría de más que, pasado el verano, no viéramos a algunas caras destruyendo al Gobierno y alabando sin concesiones a la oposición. Y a la inversa. No hace falta dar nombres, todos sabemos de quiénes estamos hablando. Se impone limpieza. Y todo aquel que ponga en cuestionamiento libertades y derechos adquiridos, a la calle. Porque eso no es libertad de expresión. Es, simple y llanamente, involución.