En toda esta historia yo voy con Kiko porque desde que trabajo con él le he cogido un cariño enorme. Es un hombre cariñoso, divertido, culto, reflexivo y cultivado. Cada vez que salía su hijo Diego en televisión yo me cogía unos rebotes extraordinarios porque consideraba que machacaba a su padre sin piedad. Pero el viernes, con el polígrafo de Diego, la historia va adquiriendo otros matices. Otras interpretaciones. Diego salió muy airoso de la prueba y de una manera tan fría como descarnada dibujó a un matrimonio –el de Kiko y Makoke– complicado en exceso, a ratos tóxico incluso. Hizo de su padre un retrato desolador: el de un hombre atrapado en una situación incómoda, triste, desganada. Con deseos de huir de un matrimonio acabado pero sin fuerzas para enfrentarse a la soltería. No sé cuánta parte de verdad hay en lo que cuenta Diego, si hay mucha parte magnificada por el odio que siente hacia Makoke. Yo sigo yendo con Kiko porque es al que mas conozco. Y porque va a necesitar a gente a su lado que le ayude a capear el temporal porque intuyo que se le avecinan jornadas muy complicadas. El caso de Makoke es más preocupante. Le van a caer por todos lados y va a recibir guantazos que no se han atrevido a darle Kiko.

 

kiko matamoros y makoke