Visita de Adara al ‘Deluxe’, ataque de ansiedad incluido. Semana rara emocionalmente para Alejandra Rubio, porque dicen que en el transcurso de una cena llamó “vieja de mierda” a Lydia Lozano. La televisión también era esto. No existe un medio más apasionante ni género más enriquecedor que el entretenimiento. A veces creo que salgo poco de casa porque me cuesta encontrar en la calle personalidades tan apabullantes como las que visitan mis platós.

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La tele es un animal salvaje al que tienes que domar continuamente, porque en cuanto te descuidas te pega una hostia que te deja seco. A la tele le gusta jugar con todo aquel que se le acerca. Primero te mima, te atrapa con pequeñas dosis de popularidad para que te creas dios, te hace sentir importante. Y en cuanto bajas la guardia, te pega un zarpazo para que no te olvides de quién manda. Adara es una jugadora nata y durante varios meses la tele le ha dado cartas muy buenas, pero el sábado no se le dio bien la partida. Abandonó el plató llorosa y angustiada después de pasar por enfermería.

Gajes de un oficio en el que expones tus pensamientos. Saldrá reforzada o con la convicción de desaparecer porque le compensa. A Alejandra Rubio la tengo menos calada. Intuyo que estará un poco afectada, pero también esto pasará. Está en su mano aprender y protegerse o avanzar a ciegas a machetazos, sin reflexionar. Castigándose a ella y a su familia.