El tiempo prudencial ha pasado y Tamara Gorro ya se ha puesto a trabajar para volver a ponerse en forma. Vista la energía y la motivación que le ha puesto, la 'youtuber' se moría de ganas por dedicar tiempo a ejercitarse. Y es que el deporte es uno de los hábitos saludables que más disfruta. Las complicaciones durante el embarazo de Antonio la obligaron a guardar reposo y llevar unas rutinas más sedentarias. Tras dar a luz a mediados de diciembre y por recomendación médica, Gorro decidió esperar al menos dos meses antes de ponerse a tope con los primeros entrenamientos, para no favorecer los problemas que se podrían derivar en la zona del abdomen después de haberse sometido a un cesárea.

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Tamara Gorro abrumada con los deberes de su hija (de dos años)

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Si en algo se ha concentrado la 'influencer' en todo este tiempo –además del cuidado de sus hijos– ha sido a tener paciencia consigo misma, a entender los cambios inherentes al embarazo y a dar a luz y, por lo tanto, a cuidarse. Su postparto ha sido un auténtico ejercicio de honestidad y de autoconocimiento que no solo le ha ayudado a crecer, sino que ha servido de gran ejemplo a otras mujeres que lo han vivido o están también pasando esta etapa tan compleja como intensa.

Tamara dejaba claro que no ha pretendido en ningún momento recurrir a fórmulas mágicas ni sesiones de gimnasio potentes (y, posiblemente, contraproducentes para su estado). Ha dejado que todo fluya y, cuando su cuerpo ha estado recuperado y preparado, le ha escuchado y ya ha empezado a ponerle a prueba. Pero de forma paulatina. La vuelta a las sala de 'cardio' ha sido bien temprano y suave, por lo que ha mostrado en los vídeos que ha compartido en Instagram. Y, llevando el entusiasmo y la alegría en las venas, no han faltado las risas y la música. Ni el cansancio le ha boicoteado el bailoteo que le ha dedicado a su marido Ezequiel Garay. Esperamos que el futbolista del Valencia no esté buscando sus chanclas, porque Tamara se las has 'birlado' con nocturnidad y alevosía.