¡Albricias! 65 velas soplará hoy Isabel Preysler en su tarta sin gluten, azúcares refinados y sin lácteos. 65 años que llegan cuando encontramos a la reina de corazones más en el candelero que nunca (¿bajó de él acaso?) y, también, más ilusionada.

Dicen que no hay nada que rejuvenezca más (además de las inyecciones de vitaminas y colágeno) que estar enamorado. Isabel lo está y ese brillito en la mirada no lo dan ni las cremas, ni los carísimos tratamientos de belleza. Dice que siempre derrochó ganas de vivir, y ahora las demuestra más que nunca. Esa era una de las cosas que más le gustaban Miguel Boyer de ella, esas ganas tan tremendas de que querer comerse la vida a bocados y no dejar ni las migajas.

Discreta, siempre de lo más correcta y con la frase “valgo más por lo que callo que por lo que cuento” como estandarte, es una de las mujeres que cada cosa que hacen es noticia. Y eso que tampoco es que haga nada extraordinario, pero la Preysler desprende esa atracción que pocos personajes logran mantener en el tiempo (más de cuatro décadas son muchos años). Resulta casi hipnótica. Y quizá porque nunca desvela de más, uno se queda con ganas de pasar un ratito más con Isabel. Con la sensación de que solo se ha raspado la superficie, y que es debajo donde se oculta lo realmente bueno. Qué misteriosa ha sido siempre.

Aún con todo y con eso, de sus 65 años podemos extraer algunas ‘perlas sapienciales’, 10 momentazos que nos ha regalado la condesa del papel couché y que necesitábamos compartir con todos vosotros. Algunas piezas superfluas, y otras de más calado, como imaginamos que es ella. A Cincuenta, cincuenta.

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