Y finalmente sucedió. Isabel Pantoja reapareció en Perú después de más de 20 años de ausencia en el país, y Lima se volcó con ella. La actuación que la tonadillera ofreció en el Jockey Plaza de la ciudad salió redonda y la artista dejó más que satisfechos a todos sus fans. Y repartidos entre bambalinas y en primera fila, la familia de la artista, que vibró con cada una de sus canciones.

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Isa tuvo el privilegio de ver a su madre desde una de las zonas vip, desde donde contempló lo volcados que estuvieron todos los ‘pantojistas’; a través de las redes sociales mostró el fervor con el que estos cantaban de principio a fin los temas de su madre, especialmente aquellos más clásicos. La veinteañera probó que nadie se perdió un gesto de la artista gracias a las enormes pantallas ubicadas en el escenario y que permitían, hasta a los de las últimas filas, tener la sensación de que Pantoja se emocionaba a unos pocos centímetros delante suya.

Y currando, Anabel. La sobrinísima no solo comparte vínculos sanguíneos con la cantante, sino también trabajo. Ella es una de sus manos derechas y se encarga de que no le falte de nada a la gran estrella que es su tía. Así, desde bien temprano, estuvo pendiente de los ensayos, de las pruebas de sonido y después de arreglar y posteriormente ayudar a desvestirse a Isabel. Normal que empezara la mañana diciendo que tenía que desayunar fuerte para coger energías por todo lo que estaba por llegar.

Se echó de menos a Kiko, que solo ha podido estar al lado de su madre en la primera parte de viaje, en Chile. Él 'cruzó el charco' para promocionar su trabajo como artista electrolatino y ahora se encuentra en México.

Pantoja, vino, vio y venció. Se metió en el bolsillo de su vestido cuajado de cristales a unos fans que llevaban mucho tiempo reclamando poder disfrutar de un directo suyo y, anoche, ella los recompensó.