El paso de los años confirmó a Manolo Segura como uno de los hombres fundamentales y más importantes en la vida de Tita Cervera, y eso que, durante más de dos décadas le mantuvo en secreto, completamente oculto a la luz pública, esa que la llevaba apuntando desde que se convirtió en Miss en los años sesenta.

Hoy Carmen se despide de este hombre al que tanto quiso. Manolo ha fallecido tras llevar varios años con una salud delicada, unos años en los que jamás faltaron a su lado la baronesa, antiguo amor reconvertida en amiga íntima y su hijo Borja.

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Cuando Tita empezó su relación con el barón Thyssen fue todo un escándalo. Él, un hombre adinerado que procedía de una familia de rancio abolengo y ella una madre soltera, reina absoluta del papel cuché desde que desfiló por primera vez como aspirante a la mujer más bella de España. Tras eso, vivió un acalorado matrimonio con uno de los guapos oficiales del mundo del espectáculo, Lex Barker, y tras él otro galán, Espartaco Santoni. Pero con ninguno de ellos cumplió su sueño de ser madre. Sería Segura, un publicista anónimo, quien le daría el mejor regalo de su vida, Borja.

La paternidad biológica de Borja se mantuvo en completo secreto. En los 80, cuando el barón se enamoró de Tita, también lo hizo de su hijo, al que concedió sus apellidos y con el que ejerció de padre ejemplar. Él le adoptó y le quiso profundamente hasta el final de sus días, en 2002. Mientras, en la sombra, Manolo, siempre cercano a Carmen, observaba cómo aquel niño con sus genes se convertía en un importante hombre. Siempre discreto, esperando su momento, alejado de cualquier interés mediático.

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No sería hasta siete años después del fallecimiento del barón, cuando su luto ya parecía pasado, y Borja entraba la veintena, cuando se dio a conocer el nombre del padre biológico del joven. Entonces Manolo, que había estado instalado en el segundo plano, se convirtió en protagonista por primera vez. Y desde entonces no paramos de verle al lado de su examor y de su hijo, volviéndose una figura fundamental para ellos, hasta el punto de servir de puente cuando las comunicaciones entre Carmen y Borja fueron menos fluidas que nunca cuando este se enamoró de Blanca Cuesta. Entonces Manolo sacaba su carácter conciliador y trataba que los dos acercaran posturas.

Quizás el tiempo, quizás la mano izquierda del publicista, o una mezcla de ambas, obraron el milagro: los Thyssen volvían a estar unidos. El dibujo de la nueva familia conformada por Manolo, Tita, sus mellizas, su hijo mayo, la pareja de este, y, posteriormente, los nietos de la matriarca pasaban apacibles vacaciones en Ibiza, nadando en el Mediterráneo y visitando chiringuitos como una familia más. Una estampa repleta de felicidad, algo que, Segura probablemente no creyó vivir. Tras estar alojado tantos años en las sombras, la luz trajo consigo el mejor regalo de todos, una familia que hoy le llora.