Soplan vientos de cambio para Isabel Pantoja. Y de cambio positivo, al fin, ya que la tonadillera disfrutará a partir de hoy de la anhelada libertad condicional que el juez de Vigilancia Penitenciaria número 2 de Andalucía le concedió en febrero.

Isabel, que hasta ahora disfrutaba del tercer grado (pasaba los fines de semana en Cantora y pernoctaba en la prisión de mujeres de Alcalá de Guadaira de lunes a viernes), podrá moverse por todo el territorio nacional siempre que sea por motivos de trabajo y será sometida a un seguimiento y control por parte de los servicios sociales penintenciarios.

Pero no todo es positivo en el nuevo momento que se abre ante Isabel. A sus problemas económicos se suman varios frentes abiertos, con sus dos hijos como principales protagonistas.

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Por un lado está el bautizo de Ana, la primera hija de Kiko Rivera e Irene Rosales, que tendrá lugar el próximo 12 de marzo. Si bien Kiko está feliz porque, finalmente, tendrá a su madre cerca en un día tan especial, madre e hijo están enfrentados a consecuencia de la exclusiva que podría haber pactado Kiko sin el permiso de la abuela. Pantoja, que quiere cuidar al milímetro su regreso a los escenarios, está muy celosa de aparecer en cualquier medio, y no quiere formar parte del negocio del bautizo de su nieta (de momento).

Por otro lado está su relación con Isa Pantoja, que desde hace muchos meses va como la marea, ahora sube, ahora baja. En estos momentos la relación estaría en sus horas bajas por culpa de un coche de 40 mil euros que Isa se ha comprado nada más sacarse el carnet. Un gasto que a la madre podría parecerle excesivo, teniendo en cuenta que ella misma está pasando por uno de sus peores momentos económicos.

A todos estos problemas se suma la nueva vida que Isabel podría llevar a partir de ahora, lejos de los flashes, evitando los fotógrafos y ser el foco de atención mientras intenta relanzar su carrera profesional.

 

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