Es inevitable, Irene Rosales está destinada a ser la culpable de la guerra entre Kiko Rivera e Isabel Pantoja por parte del sector más cercano a la artista. La sevillana ha apoyado de manera incondicional a su marido pero nunca ha querido entrar en descalificaciones a su suegra: "Es la abuela de mis hijas y, lamentablemente, es la única que les queda", confesaba recientemente con la voz entrecortada.

Desde que saltara por los aires este enfrentamiento entre madre e hijo, Irene Rosales se ha convertido en la diana de las críticas de los fanáticos de Isabel Pantoja y la colaboradora de 'Viva la vida' no está dispuesta a consentirlo.

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Harta de recibir insultos y comentarios de mal gusto, Irene Rosales tomaba una drástica decisión: "De buena mañana he bloqueado 60 perfiles. Y lo que más pena me da es que todos eran mujeres...", compartía la mujer de Kiko Rivera en su perfil de Instagram. Pero no se quedaba ahí, la joven ha mostrado "una pequeña pincelada" de los comentarios hirientes que recibe a diario: "Para hablar de mi madre se tienen que lavar la boca. No son críticas objetivas. Que me digan HDP, que la muerte de mis padres me la merecía... ¡NO LO VOY A TOLERAR!", sentenciaba.

Irene Rosales instagram

Irene Rosales estalla contra los haters

Instagram @irenerova24

Afortunadamente, entre sus más de 600.000 seguidores, Irene Rosales cuenta con infinidad de personas que le apoyan de manera incondicional y le aconsejaban no entrar en la guerra: "Jamás he insultado a nadie y si he dicho algo ha sido desde lo vivido y sin meterme con nadie. Puedo tolerar que a alguien no le gusta mi forma de ser, mi manera de vestir... pero ¿insultar o desear el mal? ¡Dais asco!", sentenciaba con rabia.

Esta situación no es novedad. Hace algo más de un mes estallaba desde el plató de 'Viva la vida': "Bastante problemas tengo como para que me hagáis responsable de un problema entre madre e hijo. Acepto que cada uno opine lo que quiera pero no que vengan a hundirme", se sinceraba con Emma García, una situación que parece se ha convertido en una rutina y que no está dispuesta a consentir más.