Desde que Charlene de Mónaco tuviera que quedarse en Sudáfrica debido a una infección ORL que le impide volar en avión, mucho se ha especulado sobre la supuesta verdadera razón que ha llevado a la mujer de Alberto de Mónaco a quedarse en su país de origen. Unas informaciones en las que ahora ha salido a relucir el nombre de Dawn Earl, quien según el periodista Stéphane Bern de ‘Paris Match' tendría mucho que ver en su decisión.

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“Charlene de Mónaco no toma la más mínima decisión sin el consejo de una adivina. La temida Dawn Earl es conocida por ser una profetisa sudafricana que sobrevivió a una secta australiana”, ha asegurado. Una mujer de la que no existen fotografías pero que lleva unida a Charlene de Mónaco desde el 2017, cuando el Principado confirmó que se encontraba acompañando a la princesa en un viaje a la India.

Charlene de Mónaco
Gtres

Según un reportaje de la revista ‘Woman’s Day’, Charlene “ha dejado su futuro en manos en el esotérico estudio de los números, incluso llegando a implicar a Alberto. Antes de atender a cualquier evento, Charlene consulta a su numeróloga, a veces en el último minuto, para decidir si va o no. Si los números no están alineados a su favor, Charlene simplemente no acude”.

Una afición por el esoterismo que también cautiva a los miembros de la familia real española. En concreto, las reinas Letizia y Sofía son unas grandes amantes de esta práctica. Según publicó ‘Jaleos’ en el año 2018, la mujer de Felipe VI suele acudir a la librería La Central de Callao para comprar novelas esotéricas.

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Mientras que la inclusión de la reina Letizia en esta temática se queda en los libros, la reina Sofía va un paso más allá y, según ‘Look’, incluso ha llegado a ponerse en contacto con el escritor de ficción J.J. Benítez. “Le fascina el ocultismo, el taro, el misterio ovni y todo eso”, han asegurado fuentes cercanas a la emérita a la mencionada publicación. Además, la periodista y colaboradora de Lecturas Pilar Eyre confirmó en su libro ‘La soledad de la reina’ que la mujer de Juan Carlos I había visitado junto al escritor las ruinas de Nazca y que ambos mantenían largas charlas. Una afición que, aunque parezca sorprendente, se ha convertido en su nexo de unión con Charlene de Mónaco.